Una atracción irrefrenable

Septiembre 15, 2009 por Alberto M²

 

Procuro escribir sin adverbios acabados con el sufijo -mente, por la sencilla razón de que en alguna parte leí que García Márquez los odiaba. Me da la sensación que me repito, pero me da igual. Al escribir con tan poca constancia es muy fácil que ideas, hilos conductores y demás nimiedades se repitan más veces de las necesarias. Hoy tal vez lo hago, porque como todavía sigue haciendo bastante calor, iluso de mí, sigo creyendo que vivo en el verano. Habrá vacaciones pronto a la vuelta de la esquina, los días serán más largos, todo se relajará y no habrá tanta intensidad con la que acometer los proyectos varios (personales y profesionales). Quiero creer que no es así, que soy un tipo trabajador, fuerte y decidido, pero la parte lúdica de mi yo tiene demasiado poder sobre mí. Uno es débil y al final siempre simpatiza más con el Guti de turno, que con el Lass Diarra que tanto corre y recupera. Los días más cortos de septiembre, los aires tormentosos del atardecer y el abandono paulatino de las calles por parte de la gente convierten a Badajoz en una especie de ciudad fronteriza de novela de Cormac McCarthy. Van cayendo poco a poco las hojas de los árboles y en el trayecto de vuelta de la Granadilla observo como se amontonan en la luna de mi coche. Paseo y recuerdo a mis héroes otoñales. Personajes de películas y novelas que no puedo dejar de admirar. Jamás seré como ellos, pero daría más de lo necesario por tener tan sólo una miserable pizca de las ansias de vivir que ellos rezuman. La aventura, el peligro, las ganas de conocer, la ilusión, los sueños, las conquistas… Soñar, soñar y soñar. Buscar siempre ir más allá, aún a costa de que la tierra que piso se resquebraje por no prestarle atención. Me viene a la cabeza el personaje principal de “Río rojo” de Howard Hawks, encarnado por John Wayne. Hablo del ganadero Tom Dunson. Capaz de sobrepasar cualquier límite con tal de cumplir sus metas. De siempre querer ir más allá, por encima de cualquier situación y persona. Hace una semana, no dejaba de darle vueltas a cómo conseguir este magnífico western, de si estaría disponible en el catálogo de la Fnac o en El Corte Inglés, para que, menuda casualidad, este pasado sábado, Canal Extremadura TV emitiera la película por la tarde. No sólo es que me gustara o fascinara. Era la atracción irrefrenable hacia aquello que admiro y que tanto miedo me da. Forjarse un destino.

 

Ta luego. A2.

El verano

Agosto 28, 2009 por Alberto M²

Por los pasos de baile con vuelta y tirabuzón incluidos que merecen un aplauso del público de la Plaza Alta, por el “me voy a fumar un cigarrito”, por ese hablar tan raro que nos posee por las noches, por el luchador de botellas Heineken que se raja en cuanto aparece un armario inglés como rival, por aquel que empujan en las escaleras de la discoteca y nadie le ayuda, por la cerveza Super Bock, por Lisboa, The Walkmen, The Killers y Mando Diao, por el pajareo gijonés, por Rubén, por mis ampollas y heridas en los pies, por la buena gente conocida en el Camino, por la plaza donde siempre nos perdíamos, por los 100 € diarios, por las dificultades sufridas, por el pulpo de Melide, por Jacinto Antón, por el que siempre se queda currando cada vez que hemos hecho planes, por conseguir cambiar el “cuando puedas” por un “disculpa”, por la que comienza peleas de agua y al final salen trasquilada, por las siestas infinitas y el desorden que ya no me agobia tanto, por saber ya lo que quiero, por cómo se puede estar una hora en la ducha y aún así, no terminar, por “I’got a feeling”, por los rondadores nocturnos de Matalascañas, por la puta manía de bañarse en la playa siempre que son las 7 de la mañana, por las resacas con sonrisa, por los socorristas pega broncas, por los homenajes gastronómicos, por lo que todavía queda por disfrutar en este verano, y por supuesto, por ti, siempre por ti.

 

Ta luego. A2.

Juegos en la cama

Julio 8, 2009 por Alberto M²

 

Es tarde, muy tarde. La ruidos de la noche han dejado paso a los sonidos del motor en tercera, el chirriar de las gastadas zapatas de los frenos y el contacto de la ruedas con el asfalto de los coches solitarios.  Atraviesan la ciudad en busca de los más variados destinos, seguramente algunos ansían llegar al mismo, pero otros, todavía andan con las legañas a cuestas y el malestar por ver truncado su descanso para ir a trabajar. Cristóbal piensa en ello, porque son las 4 y todavía él no ha sido capaz de conciliar el sueño. Para pasar el rato y que la cama no se le haga una mazmorra de sábanas y sentirse como un Edmundo Dantés encarcelado injustamente, busca fórmulas que le permitan dormir por lo menos un par de horas. La opción de darle vueltas a los asuntos del trabajo no se admite como válida. Eso en vez de relajarle, le estresaría. Pensativo, cabila otras opciones: cantar canciones que le gustan mentalmente, recordar escenas de película que le han marcado, planificar las rutas de las vacaciones de verano o recetas de platos que le apetecerá cocinar para deleite de su particular camada de fieles comensales. Ninguna de ellas funciona. El tiempo sigue pasando. Se levanta, intenta entretenerse con los anuncios de televenta de la tele, pero más que un rato de asueto, lo que le provocan es hartazgo por tanta chorrada inútil. Vuelve a la cama y allí por enésima vez prueba a cerrar los ojos para dormir y justo en ese instante, recuerda lo leído en el suplemento femenino del periódico del fin de semana: si tienes problemas de sueño, lo mejor es estirar los músculos o cambiar de posición en la cama para favorecer la relajación. Como la cama está pegada a la pared, levanta las piernas para apoyarlas y hacer estiramientos de atleta, pero como no lo es, un fatal tirón en el glúteo izquierdo reprimido para no causar un estruendo innecesario en la noche, impiden que pueda ejecutar la acción de relajación. Airado y dolorido, decide cambiar la postura de su cuerpo y poner su cabeza en los pies de la cama. Su maniobra de relajación provoca el susto de Mónica por no encontrar el cuerpo tranquilizador de su novio como es habitual en sus sueños todas las noches y encontrar como mal cambio unas piernas no muy peludas y unos pies del 44. Producto de ello, Cristóbal se lleva una tremenda patada nocturna en la cara por la violenta reacción de miedo de Mónica. Creerse todo lo que uno lee realmente es algo bastante peligroso. De ésta, Cristóbal ya ha aprendido que los juegos en la cama mejor dejarlos para lo que realmente son.

 

Ta luego. A2.

La bola del péndulo

Julio 7, 2009 por Alberto M²

 

Escribir y lamentar iba a ser el título de este post, pero después he vuelto a la idea original que deseché en un primer momento y que he vuelto a considerar como buena hace unos instantes para escribir sobre algo. Es algo tan sencillo como que el otro día me crucé con un hombre de mediana edad, en el que me basé en sus rasgos, fisonomía, vestimenta y andares para convertirlo en uno de los protagonistas de un mal relato que escribí hace ya tiempo. El hombre, a medida que me iba acercando a su altura, clavaba sus ojos en mí, hasta casi darme la sensación de que estuvo a punto de llamarme la atención para decirme algo, como si quisiera tomar partido del mal retrato que le hice y el fatal devenir que tuvo el personaje basado en él en mis cuartillas electrónicas. Aún después de haberle sobrepasado en mi camino, me sentía nervioso y asustado. Era sentir que los personajes cobran vida y quieren tomar partido de su destino. Zaherirme por ser tan mediocre, enfadarse por haberle juzgado sin haberme tomado la molestia de conocerle y por no haber trabajado más a fondo el desarrollo del texto. Paso y otra cosa. Soy la bola del péndulo que oscila sin tener derecho a parar… Jajajaja, debo estar bastante mal si ya me da por escribir una absurda queja victimista. ¡Sólo quedan cuatro semanas!

 

Ta luego. A2.

Escoria

Junio 25, 2009 por Alberto M²

El conocido dicho de no te acostarás sin aprender algo nuevo raras veces tengo la sensación de que se cumpla. Pasan los días y uno se encuentra que sigue igual de pringaó y lelo que siempre. Así que, las sorpresas (buenas o malas) son un sobresalto que dan picante (dulce o agrio) a nuestra vida. Buscando información para un proyecto que ando preparando, leo que entre las principales materias primas y productos que exporta Brasil se encuentra la escoria. La verdad, es que el primer impulso que he tenido era indignarme y ponerme la capa de periodista progre made in Diario Público, para lanzar insidiosas reflexiones ante la prepotencia de los países occidentales y criticar con virulencia la inmensa falta de respeto de los autores del informe. Pero, por muy extraño que parezca, he echado el freno, mi neurona ha entrado en ebullición (o más bien, combustión) y he acudido al Diccionario de la RAE para conocer si la palabra escoria tenía otras acepciones. Y hete aquí, que ser tan impetuoso no es nada bueno. Escoria es también aquella “sustancia vítrea que sobrenada en el crisol de los hornos de fundir metales, y procede de la parte menos pura de estos unida con las gangas y fundentes”.

En fin, antes de acostarme esta noche espero tener presente que cuando la pausa y el sosiego tienen cabida en mi vida, las cosas siempre me van mejor.

Ta luego. A2.

Cuestión de estados

Junio 19, 2009 por Alberto M²

 

Tengo una camisa que me encanta, pero no me la suelo poner muy a menudo. La sensación de que estoy a gusto con ella al ponérmela, ver que me sienta bien cuando me miro al espejo antes de salir de casa (sí, sí, sí… los hombres nos miramos en el espejo. De frente, de perfil y de todas las maneras posibles para enmascarar que los años sí que pasan en balde) y que estoy cómodo con ella se evapora al rato. Como por una cuestión de estilo y manía personal, me gusta ir con las camisas por fuera (menos en aquellas que el protocolo me exige parecer un tipo respetable) esta camisa acaba convirtiéndose en la maldita camisa que siempre se arruga por la parte inferior de la izquierda como un papel de periódico puesto al sol durante varios días. No hay manera de arreglarla. No existe plancha alguna que la pueda domar. Una cuestión nimia que te hace pasar del “hoy me como el mundo” al “ya estamos otra vez”. Pienso en estos estados de ánimo tan volátiles que uno vive al recordar el día de hoy. El mal humor con el que me he levantado esta mañana a las 7, no por el madrugón, sino que simplemente me sentía insoportable, enfadado, de estas veces que sabes que si alguien te habla, va a ser esa persona quien va a pagar tu mal genio. Después, a lo largo del día todo ha ido evolucionando para que me haya ido sintiendo mejor. Tal vez, haya sido que hoy era viernes y la semana acaba, que hemos ido varios compañeros de la productora a recoger el XI Premio de Periodismo Económico de la Cámara de Comercio de Badajoz que han concedido al programa Zona Empresa que hacemos para Canal Extremadura TV, por el reportaje “Historia de las Crisis Económicas”, que mis sobrinas Ruth y María cumplen tres años, que hoy voy a poder descansar viendo una peli de cine negro que me he reservado desde hace un par de semanas (para los interesados: “Antes que el diablo sepa que has muerto” de Sidney Lumet con Marisa “madura atractivísima” Tomei, Ethan Hawke, Albert Finney y Philip Seymour Hoffman). Varias cosas que me han levantado el ánimo. Hasta que después de meditar, a última hora de la mañana he tomado conciencia de la gravedad del asesinato de Eduardo Puelles por parte de los asesinos de ETA. Me he enfadado conmigo mismo por estar como si nada el rato después de conocer la noticia. “Egoísta, imbécil y estúpido que vas a lo tuyo”, he pensado. “A uno de los nuestros le han quitado la vida a sangre fría y tú tan tranquilo, haciendo las gilipolladas de un viernes cualquiera”. “Tú y tus mierdas”. Ufffff, he cogido aire y a intentar seguir con la mañana, pero las ganas de llorar, la rabia, el miedo, la sed de venganza, el asco, el dolor y la ira ante una barbarie con la que no conseguimos acabar son inevitables sentirlas. Sé que en estos momentos los políticos demandan cabeza fría, pero ante tanta sinrazón yo ya no sé qué pensar. ¿Cuánta gente ha de morir para que esto acabe? Y lo malo de todo ello, es que tengo más miedo si quiero dar una respuesta a esta pregunta, porque creo que eso significa más sufrimiento inútil. Toca respirar, alentar con cariño y respeto a la familia de Eduardo y pensar fervientemente que esta batalla la vamos a ganar. Está claro que pasar de la alegría a la pena es muy fácil, pero cuando te sientes tan indignado, no hay palabras, ni solución que aplaque tu odio.

 

Ta luego. A2.

Guía para huir de la mediocridad

Junio 11, 2009 por Alberto M²

El sol aprieta más que nunca, el verano ha dejado de amagar y comienza ya su inclemente andadura por tierras extremeñas. Demasiado temprano por la tarde como para tener ganas de redactar un proyecto. Me apetece cerrar los ojos en la duermevela de las cinco de la tarde y disfrutar de siestas que me dejo en el debe. No puede ser, hay varios asuntos que atacar, ahora que después de un tiempo de destierro forzoso me siento con más bríos y energía para escribir aquello que se me venga a la cabeza. Tan sencillo como comenzar con ¿qué diferencia la mediocridad de la excelencia? Y la única respuesta que encuentro como válida no está relacionada con el talento, el ingenio o los arrebatos pasionales, sino que el argumento que encuentro como válido tiene que ver con la constancia y el esfuerzo. Para ser bueno en algo no sólo es necesario creérselo, tener confianza en lo que se está emprendiendo o que la suerte acompañe, más bien se trata de una dedicación pura y dura, de ser capaz de vencer los embates de la pereza y que aunque haya miedos, dudas, o piedras en el camino, más que para dar la vuelta, sirvan para dar un rodeo y que el proyecto llegue a buen puerto. Parece fácil, ¿no? Pues este es el reto que se nos presenta todos los días y en todo momento en nuestra rutina diaria para escapar de la mediocridad. La actitud más normal que tenemos es arrojar la toalla al primer round. Tal vez porque lo complicamos todo, tal vez porque la pereza es una amiga demasiado apetecible y buscona, tal vez porque no sabemos lo que queremos o tal vez porque los saltos al vacío dan mucho miedo y estamos más aferrados de lo que creemos a nuestras cómodas rutinas. ¿Cómo vencer a la desidia? Si algo voy aprendiendo en la vida es que jamás se pueden vencer “los absolutos” y ser un extremista del cambio. Se trata de fijarse en los detalles y modificar aquello que nos enturbia la vista poco a poco. Se puede decir que es una mezcla de aplicar una táctica de guerra de guerrillas de la Guerra de la Independencia española, con la maniobra de tierra quemada empleada por el ejército ruso para vencer a Napoleón. Pequeñas victorias dan mayor sensación de progreso que una victoria épica y emotiva, que encima sabemos que no llegará.

Cambio de tercio. Hoy se cumplen treinta años del fallecimiento de John Wayne. Después de leer algún que otro penoso artículo y ver reportajes aún más flojos sobre tan magnífico actor (ya sabéis, que si era muy conservador, que si le gustaban las mujeres latinas, que si era la encarnación del auténtico patriota norteamericano…) me quedo con sus películas, su forma de moverse y transmitir veracidad en la cámara. Desde Ringo Kid a Sean Thorton, de Ethan Edwards a Tom Doniphon y muchos más personajes que encarnó para la gran pantalla. Uno de los más grandes del cine y como tal, merece ser recordado.

Ta luego. A2.

Melómano – Megalómano

Junio 8, 2009 por Alberto M²

 

Justo en el instante después de levantarse a recoger las llaves, que como siempre se le habían caído al suelo antes de salir de casa, y varios segundos antes de marearse por tan brusco movimiento, Julia tuvo dos ideas que consideró imprescindibles llevar a cabo para cambiar el sentido de su vida. Tan simples como llegar a la conclusión de que si quería ser por fin escritora tenía que escribir desde ya su primer libro sobre el tema que fuera y que tenía que olvidar a posta las entradas del cine, aunque ello significara el enfado de Juan. Mientras se repone unos minutos en el hortera sillón amarillo post-it, espera que el sofoco no la impida llegar minutos más tarde de lo que en ella ya es habitual. No deja de pensar en la cara que pondrá Juan cuando le diga que se le han olvidados las entradas. No sabe si enfadará, se pondrá a bufar como un potro salvaje, será de los que se toman los contratiempos con filosofía o le ocultará su enfado para seguir pareciendo esa chico tan bueno que seguramente no sea y que a Julia tanto pone de los nervios, y no porque le gusten los tipos duros y malos, sino porque las poses impostadas la aburren muchísimo. Jajajajaja, se ríe con ganas, mientras se da aire con el suplemento del periódico del fin de semana. Uhmmmmmmm, de su actitud depende ganarse la siguiente cita. No piensa que sea una chantajista o que esté jugando con Juan, si no que le apetece saltarse el guión preestablecido. Es más, quisiera preguntarle si es un melónamo o un megalómano a la vez que le mira con picardía. Esto no puede ser Julia, se te está yendo la cabeza. Si Juan la mira y sonríe, ya sabe cómo actuar. Simplemente, se lo comerá a besos.

Ta luego. A2.

El tiro del pianista

Abril 19, 2009 por Alberto M²

 

Lo leo hoy en El País en la crónica de Iturriaga del partido jugado entre Madrid – Barça de la Liga ACB. Talento, sangre fría y tino son los componentes esenciales para que a dos metros delante de la canasta no falles ese lanzamiento, en apariencia tan fácil, pero que en el baloncesto es de las suertes más complicadas. Cuestión de equilibrios, tal vez. Puedes ser el jugador más físico, explosivo y fuerte, pero sin la muñeca de aquel pusilánime que siempre se queda cortado en los bloqueos, aunque a la hora de la verdad se la pasas al flojucho, porque sabes que no va a fallar. Hoy siento que debo estar enfadado, gritar y cabrearme, que tengo muchos motivos para ello. Cuando intento fruncir el ceño, dar respuestas cortantes, tocarme el brazo a lo Harry Carey y simular que masco tabaco, lo único que hago es recordar las dos últimas veces que lavé el coche, a cada cual más lamentable, e inevitablemente, me río. La primera de ellas, con las prisas en vez de coger el limpia cristales, me llevé un mejunje aromático que había en casa tiempos a. Lo peor es que yo veía que los cristales no se limpiaban, que la cosa no funcionaba, y en vez de analizar la situación y ver que algo extraño ocurría, pues no, dale que dale, hasta casi gastarlo entero. ¿Qué sucedió? El limpia cristales no era tal, era un líquido aromático creado con un fin que todavía soy incapaz de comprender. El coche se ha quedado impregnado de un olor a fragancia de señora mayor brutal. Es una experiencia catártica. Es como entrar en el plató del programa de Ana Rosa y sentarte entre las señoras del público para siempre, sin posibilidad de escapatoria y con la obligación de reír las gracietas de lo pájaros presentes en plató.

 

Consciente del desastre, la última vez que lavé el coche, ya iba escamado y sobre aviso, así que desecho recipientes de la limpieza de color rosa, marrón o de aromas peligrosos. Veo que hay uno grande azulado, lo miro, casi parece que lo voy a coger, pero antes, precavido de mi, leo qué es. ¡Ah, fortuna! Esta vez sí que no me la pegas con el líquido para el lavavajillas. Después de rebuscar a conciencia, me decanto por uno más pequeño, azulado y de tapón rojo. El DNI de todo limpiacristales. Tan tranquilo voy lavando el coche, hasta que llega la hora de limpiar los cristales del vehículo. Y aquello sí que se empezó a liar. Los cristales se empañaron, yo iluso de mí, creía que era por la suciedad, así que, una vez más, dale que te dale y frota que te frota, más y más líquido azulado. Y los cristales seguían igual, más empañados que el coche de la película Titanic. Terrible, aquello era una bruma perpetua pegada a los cristales. Yo ya no sabía qué hacer, entre las risas cabronas de los makoys de mi alrededor y la mala leche creciente, desisto y me largo a casa, sin tener apenas visibilidad alguna, jugándomela, con el único aliado de que el día era soleado. Cuando llego a casa, recojo los aperos de limpieza y miro el bote azulado y su tapón rojo pidiendo explicaciones del desastre, para darme cuenta de que era el hermano pequeño del bote de lavavajillas desechado en primera instancia. Fortuna, tú siempre ganas. Yo ya no sabía si reír, llorar o maldecir. ¡Otra vez! ¡Dos veces seguidas! Y siempre, siempre, siempre por culpa mía. Así que, cada vez que me cabreo, tomo aire y pienso en lo torpe que puedo llegar a ser y visualizo mi triste figura después de darme cuenta de los errores cometidos. Y no sé por qué, pero eso me hace sentir bien. Porque en ocasiones en los tiros del pianista de la vida te llevas un buen tapón y a la larga, tu orgullo lo agradece.

 

Ta luego. A2.

Dedos ágiles y quién me enseña a jugar al mus

Abril 12, 2009 por Alberto M²
La ruta es la siguiente: Escritorio, en la carpeta de Música y un Word que abro, pero resulta que no es un Word, es una mierda de aplicación de Microsoft que pretende ser un híbrido entre un Power Point y un Word, así que nada, vuelta a empezar. ¿Eh? ¿Se nota que parezco jodido y que me enfado por cualquier cosa? Jajajaja, no es así. Simplemente que no dejo de pensar en la araña recolgante del espejo retrovisor derecho de mi coche, que se resistía a caer a pesar de que el rayo rojo fuera a 80 km. por hora camino de la Granadilla; tampoco se me escapa el intenso sueño, sin llegar a ser un pesadilla malsana de zombies, que tuve el pasado miércoles por la noche sobre una peli parecida a las sagas de Harry Potter, pero protagonizada por un Tom Cruise comedido y sin mohínes. ¿Terrible? No creáis, sois de los que creo que el pequeño mini-yo de la Cienciología es un buen actor. Prosigo. Releo por segunda vez en ¿10 años? (ajjjj, maldito paso del tiempo) Alta fidelidad. Con 18 más o menos te ríes o dices qué guay, por quedar bien, cuando la mitad de lo que le sucede a Rob Fleming, ni por asomo puede ser un ejemplo de tu vida de adolescente. Lo lees y ya está. Piensas: va a ser que soy muy joven para ser moderno. Pero ay amigo, leerlo a los 28 es un puto puñal en el corazón, una sangría de cinismo y risas con las que mal que me pese, no es que me sienta identificado, ¡qué va!, más bien es darte cuenta que las comeduras de tarro son universales en los capullos, y eso que yo ni tan siquiera soy un capullo y que tampoco me como mucho el tarro, o tal vez, es que sea un capullo precisamente por eso, porque conjugo mi vida en sujeto, verbo y predicado, sin subordinadas que enmarañen el relato. Cuarto round: pereza tremenda por tener que arreglar mi mesa: calculo que hay cerca de 50 libros desperdigados, las pelis en DVD que ya he visto pero que siempre guardo en su sitio meses más tarde, la carpeta de las cosas importantes con las cosas importantes dejadas de aquí para allá en todos los rincones de la casa, los últimos miembros de mi Batallón de Separadores de Libros que caen derrotados por el viento sin un Custer que los guíe con dignidad cada vez que abro la ventana, una radio que ya no suena muy bien porque ha caído demasiadas veces con estrépito al suelo y un despertador que no sé cómo rayos todavía funciona porque: 1, hace muchos años que no le cambio las pilas. 2, caer desparramado en el suelo es su estado natural y 3, es poco manejable y las cosas pocos manejables deberían estar prohibidas que funcionaran mucho. Me encanta esto. Sentirme libre y escribir sin corsés. Ya sé, ya sé, ya sé. Está genial lo de tener un principio y un final, una ruta marcada, puntos que tocar y un discurso con una ilación coherente e interesente. Siento que eso es como la madurez, cuando escribes de ese modo, recorriendo un camino bien trabajado, en cambio si lo haces a impulsos, eres un adolescente curioso por descubrir aventuras. Y eso me gusta. No dejar de mirar, observar y, sobre todo, escuchar. Ser capaz de vencer al cinismo. Me dejo de filosofías baratas. Toca pensar en la siguiente aventura de esta mañana: una peli en DVD reservada para una ocasión especial, la novela de James Ellroy que ansío devorar o un buen rato de deporte para que me de el sol y elimine mi muermo dominguero y algo resacoso. Retos, ilusiones, ganas de vivir. Necesito eso para sentir que la vida no es una rutina. Porque sueño, no estoy loco.

 

Ta luego. A2.

Cuando hay ganas…

Febrero 18, 2009 por Alberto M²

 

Cuando hay ganas, las excusas no asoman por ninguna boca, los miedos se van de paseo con el coco, la pereza ya no es sinónimo de buena vida y saltar al vacío sin red es la única opción que se permite. Toca mover ficha, no dudar, ir a por todas y jugársela sin pesar en la derrota. Todo corazón, porque en esta partida la materia gris no está invitada. Coraje, valentía, pasión, sentimiento… Hoy es el día de volar. Vale. Es lo que llevo pensando todo el día. Pero hace un rato me he fijado en la mesa de mi cuarto. Como cada tantos meses vuelve a estar llena de cosas que no recuerdo de dónde las he sacado, libros míos, prestados y semi-robados, películas, periódicos de fin de semana con sus respectivos semanales, con artículos que pensé en recortar por ser interesantes, que aún todavía quiero recortar, pero quesé que al final no lo haré, porque cada tantos meses me dará el arrebato organizador y las cosas ocuparán cajones que parece que guardaran el infinito, las películas acabarán en la caja de las pelis, los libros encontrarán acomodo escalando los libros ya bien colocados en las estanterías de mi cuarto y los periódicos y semanales acabarán en el contenedor de papeles. Es la fábula de la hormiga y la cigarra al revés. El desastre día a día ataca las defensas de mi cuarto con paciencia ermitaña, sin que las bajas que se producen cada cierto tiempo afecten a su constante ataque. Soy la cigarra que en un día quiere que todo esté perfecto y fácil de tener a mano. Sigo teniendo ganas, pero cada vez que miro mi mesa, lo mejor es echarse a reír.

 

Ta luego. A2.

Cerrar los ojos

Febrero 5, 2009 por Alberto M²

 

Hoy me duele mucho la cabeza, tanto que llevo todo el día como zombie, poco vivo y despierto, de estas veces que sientes que estás a remolque de todo. Todo me vale con tal de que no me molesten. Es una actitud egoísta y cómoda, lo sé, pero desde que me levanté esta mañana me he sentido así y todavía no voy a mejor. No estoy acostumbrado a encontrarme medio enfermo. La calma chicha que precede al día de cama y trancazo no es lo mío. Me siento frustrado al sentir que no controlo mi cuerpo, que él me puede y que grita ante mis excesos y pocos cuidados. ¡Ingrato! Y yo que creía que con varias sudadas a la semana me era suficiente para un perfecto estado de revista. Bostezo, me meso los cabellos, levanto la barbilla en pose interesante y miro a lo lejos a la caza y captura de pensamientos que me alivien. Pero no, no aparecen. Se esconden, apenas vislumbro alguna idea con enjundia que pueda atacar, se evade sin yo oponer resistencia. Si ya de por sí, hacer planes para el futuro me da mucho vértigo y pereza, ahora vivo en un presente continuo, donde lo más importante no es el siguiente minuto que matará el reloj. Barajo algunos planes. Podría ver una película que reservo para una ocasión que quiero que sea excepcional, aunque sepa de sobra que el buen o mal disfrute de las cosas yo no pueda controlarlo, aún así, me encanta ilusionarme ante aquello que creo que me va a gustar, podríamos llamarlo como mi particular cortejo ante el arte. Jajaja, pedante que es uno. También podría empezar por alguno de los dos libros comprados con mucha ansia lectora, pero que llevan más de dos meses acumulando polvo en mi mesa, podría ver chorradas por Internet que me entretengan, pero no, Youtube tarda demasiado en cargarse. Ufffffff, ¿qué hacer? Estoy débil. Ya sé, me limitaré simplemente a cerrar los ojos. De vez en cuando, soñar no es una mala opción.

 

Ta luego. A2.

Hoy toca mirar

Febrero 5, 2009 por Alberto M²

 

Nunca sabes lo que estás haciendo. Vas y vienes. Crees tener absoluto control de la situación, pero lo importante se te escapa de las manos como las tonterías que se dicen sin venir a cuento, en silencios incómodos que siempre te recuerdan a Vicent y a Mia en Pulp Fiction. Miras la hora, pero ya no te desesperas más. Piensas en que el despertador lo tienes adelantado 17 minutos, el reloj de pulsera 7, el móvil 5 y el del portátil, que es el único que marca la hora correcta, ni le haces caso. No buscas respuestas, porque no hay ningún por qué. No tienes interés por nada y tan siquiera es algo extraño. Queda poco para el cierre. No tienes nada preparado. Debería estar agobiado y de mal humor, pero a medida que pasa el tiempo me voy sintiendo mejor. Gritas: Estoy bien. Me llaman por teléfono. Ni caso. Correos amenazantes. Más llamadas. Tocan a la puerta. No abro. Entran de mala manera. Gritos y dos caras de personas que aprecio de muy mala leche. Me levanto, recojo el abrigo, la cartera, el móvil y las llaves. Toca dar un paseo. Apenas doy cinco pasos en la calle y no puedo evitar bostezar y desesperezarme con descaro. Los huesos de mi espalda crujen como castañuelas que suenan al empezar un fandango. Me da igual que me hayan visto. Prosigo mi camino y después de media hora asimilando todo con calma, me siento en el oxidado banco de hierro negro de un parque. Hoy toca mirar.

Ta luego. A2.

Cosas de las que uno se arrepiente

Enero 14, 2009 por Alberto M²

Como tantas otras veces, yo tenía pensado en escribir sobre algo en concreto y fascinante que se me había ocurrido a lo largo de esta mañana. Lo que parecía ser el germen de una idea brillante, resulta que a lo largo del día se ha ido perdiendo en los esquivos recovecos de mi memoria, hasta quedar en nada. No existe. Es extraño, toda la intensidad con la que sí recuerdo mi alegría hace 12 horas, ahora mismo ni la siento que la hubiera vivido. Es como una copla de amor desgarrada. Voluble que es uno. Antes me mosqueaba por mi tozudez, por no trasladar al papel esos arrebatos creativos, ahora asumo que forman parte de mí y que la constancia es algo que se trabaja día a día. Las pequeñas buenas ideas que no desembocan en nada, se quedan en eso, en el olvido que uno tan siquiera atina a recordar. Eso me ha llevado a pensar en la sensación tan acusada que se tiene por aquellas actos que cometemos y de los cuáles nos arrepentimos. Un comentario fuera de lugar, una voz sin venir a cuento, un insulto soez, un silencio roto de mala manera, una frase dicha para hacer daño, una palabra de cariño guardada por soberbia o las torpezas inherentes del día a día. Es una sensación compleja. Al instante sueles saber que lo has hecho mal y te da mucha rabia tanto haber perdido la compostura por culpa de un calentón como por el daño que normalmente inflinges a las personas afectadas, y en especial, aquellas que agredimos por nuestro egoísmo. Malo es cometerlas, peor aún es culpar al otro porque uno es así, y ya está. Me tomas o me dejas, echar balones fuera, yo no he sido, ese no es mi problema, tú sabrás… ¿Por qué? ¿Por qué cuesta tanto ser humilde? ¿Por qué la bordería por bandera? Tal vez, porque tenemos mucho miedo. Miedo a que nos conozcan, porque si nos conocen, ya no hay escapatoria para que nos quieran.

 

Ta luego. A2.

 

PD: Por cierto, recomiendo el último disco aparecido hace un par de meses de los gallegos Catpeople What’s the time Mr. Wolf? (para la tranquilidad de todos, cantan en inglés). He leído en alguna parte que son la versión española de Interpol. bien, yo creo que son mejores. Ahí lanzo el órdago para quien lo desee recoger. Visitan Badajoz el próximo Sábado 14 de Febrero por la noche en la Sala Aftasí. Merecen la pena, os lo aseguro.

Hay películas…

Enero 1, 2009 por Alberto M²

 

Primer día del año y toca mitigar la resaca y los excesos con lecturas y buenas pelis en DVD. Elijo “Los profesionales” de Richard Brooks con Lee Marvin, Burt Lancaster, Woody Strode, Jack Palance, Claudia Cardinale y Robert Ryan. ¡Dios! Hay pelis que intentan reflejar lo que es la amistad, el valor, la lealtad, el amor o la lucha por unos ideales, pero seguramente no haya ninguna tan buena como ésta. Frases como “Váyase al diablo. Sí señora, ya estoy en camino”. “Son unos hijos de puta. Sí señor, pero lo nuestro es de nacimiento, en cambio usted se ha hecho a sí mismo”. “Nos quedamos porque nos enamoramos. Nos vamos porque nos desencantamos. Regresamos porque nos sentimos solos. Morimos porque es inevitable”. “Rico, no sé porque me sigues ayudando. Yo tampoco”.  Mátale. No, señor Grant. No se ha ganado usted el derecho a hacerlo”. Mucho más que un western, mucho más que grandes escenas de acción y aventura, mucho más que una película con frases llenas de ironía, desencanto, escepticismo o valentía. ¿Queréis ver lo que es un guión bien escrito, cerrado y al servicio de una historia, sin moralinas ni artificios de filosofía barata? ¿Queréis enamoraros de una Claudia Cardinale sucia y fascinante? ¿Queréis saber lo que es luchar por un ideal? Amigos, tenéis que ver “Los profesionales”, porque hacerlo es sentirte vivo. Saber que te emocionas, que te estremeces al sentir palabras que se te clavan para siempre, respirar hondo y dar las gracias por disfrutar de esta manera.

 

Ta luego. A2.

 

 

PD: Por cierto, si que funciona lo meter el móvil en un vaso lleno de arroz cuando se te ha mojado o se ha vuelto loco y no funciona ni a la de tres. Ayer, en los fragores de la batalla nocturna, el mío cayó en combate sin previo aviso, pero se ha repuesto tras merendarse durante toda la tarde un vaso de arroz. ¡Qué cosas!

Fotografías

Diciembre 29, 2008 por Alberto M²

 

Más de un año de fotógrafo publicitario no hizo que sintiera la necesidad de fotografiarlo todo. Mis fotografías no eran personas o trozos de la realidad captados de forma espontánea intentando mostrar algo: denuncia, arte, realidad o vida. Eran cosas, máquinas, estancias artificiales, impolutas y con una pretensión de perfección que nunca emocionaban. Ahora  trabajo con imágenes en movimiento, pero soy incapaz de que una cámara me acompañe para grabar y fotografiar todo lo que me llama la atención. Es más, cuando me toca hacer una foto por ser el de audiovisuales lo hago a regañadientes. No me gusta. Por alguna extraña razón, prefiero aquello que tantas veces traiciono y me falla: la memoria. El recuerdo que deja de un instante de risas, una celebración entre amigos o la tristeza de lo que duele. El paso del tiempo sirve para recordarlo todo peor, de una forma más borrosa y personal, pero cada vez más íntima y necesaria. Las fotos ayudan a recordar, pero por ahora soy incapaz de que ellas me ayuden a sentir más.

 

Ta luego. A2.

¿Qué hacer?

Diciembre 27, 2008 por Alberto M²

 

Empiezas fuerte. Dominas la situación. No te muestras vacilante. Tu habitual media sonrisa cínica y la sensación de que los dedos van a buen ritmo. Pero… Resulta que en los días de lluvia y frío no me concentro. Me da por pensar en aquellas historias que jamás he sido capaz de rematar. No hablo de escritos hechos con solvencia y entrega, si no más bien de historias que rezumen algo de coherencia. Teniendo presente al exagerado Cecil B. DeMille con su afirmación de que las películas siempre tienen que empezar con un terremoto para enganchar al espectador, intento que el arranque sea poderoso. Por ejemplo, el tipo ánónimo (qué raro, casi todos lo son… no hay presente, ni pasado y del futuro mejor no hablar) que sólo es capaz de recordar a su amor perdido los días en los que se corta el pelo. Sus cabellos cortados son las lágrimas que no llora en los días de amnesia. También está la joven que cada mañana camino del trabajo se para en la esquina de Le Fleux, saca una pequeña nota y la deja en los asientos de la parada de autobus, antes de que venga el bus de la Línea 5. A veces, alguien lee una de las notas, pero pasa de largo; las muchas, acaban convertidas en una más de las suciedades que revolotean por la ciudad y, sólo una vez, un hombre lee la nota, entiende su significado y actúa. ¡Diantres! Desvarío. Tal vez sea la gripe, tal vez porque ha muerto Harold Bloom y no he visto, ni leído ninguna de sus obras teatrales, pero extrañamente siento que debo admirar y respetar a un hombre del que desconozco todo, tal vez porque hoy estoy cabreadísimo por lo horroroso que fue ver ayer “The Spirit” en el cine (definitivamente, Frank Miller dedícate a hacer lo que sabes muy bien: cómics. El cine, déjaselo a los profesionales) o tal vez, porque el libro de Philip Roth se me está atragantando demasiado. Mentira. No me pasa nada. La maldita gripe no acaba de romper en fiebre, por lo que me tiene medio-bueno y medio-malo, debilitado y no me deja disfrutar de los días de vacaciones. Lo haremos más fácil, por primera vez haré una lista de cosas qué hacer para disfrutar de las vacaciones. Empecemos: 1. Ver y llorar con “El Cazador”. 2. Bailar por la calle y cantar “She will have her way” de Neil Finn sin importarme que me vean. 3. Leer algún libro de templarios. 4. Bajarme el gran último disco de la Historia del Rock. 5. ¿Dónde dejo a las personas? 6. ¿Y los regalos? 7. Ir a correr en un día de lluvia. 8, 9 y 10: improvisaremos. Planificar mi vida me da mucha pereza y no sé hacerlo.

 

Ta luego. A2.

 

PD: Como es hora de dar continuidad a la sección de recomendaciones inconexas by Alberto M², recomiendo fervientemente el libro de relatos “Pura Anarquía” de Woody Allen. Reírse leyendo es uno de los mejores ratos que se puede pasar en los tiempos que corren.

Ni por detrás, ni por delante

Diciembre 9, 2008 por Alberto M²

 

El Atleti juega contra el Olympique de Marsella y como en un sueño nocturno en cama extraña, recuerdo como hace ocho años paseaba por el paseo marítimo de Marsella, después de un chapuzón en una playa un tanto artificial y fea. Inés que me llama por detrás y mi tobillo derecho que por primera vez hace crack de forma brutal. Matasanos gabacho y enfermera malhumorada que me atienden de forma lamentable, para al final estar más de un mes y pico con férula. Pero apenas me importó, era la etapa final de regreso de uno de los viajes más importantes de mi vida. Y ahora pienso, todo lo que me habría afectado si la torcedura se hubiese producido a la ida. Es más, me hubiese perdido vivencias tan intensas, que sólo de pensarlo, me palpo el tobillo para ver hasta cuándo resistirá. Rastreo en mi memoria un poco más allá, y se me aparecen Jean Pierre Papin y el inigualable Chris Waddle. El Olympique de Marsella fue el equipo que en 1993 derrocó al revolucionario Milan de Arrigo Sacchi en la final de la Liga de Campeones de esa temporada. El fin de un mito: la defensa adelantada y en zona, el trío de holandeses marcando estilo con el apoyo del siempre bien colocado Franco Baressi en la defensa. Algo que en aquella época apenas comprendía y que ahora, con el paso del tiempo y de revisar muchos de esos partidos (gracias youtube) soy capaz de colocar con el mérito que realmente se merece. Internet, bendita paradoja. Lanzo el dado y ahora pienso en los años futuros. En situaciones peligrosas y un tanto apocalípticas. ¿Qué pasaría si un buen día todo lo que hay en Internet: datos, documentos personales, cifras, movimientos empresariales, deudas, cobros, escritos, etc. se borrase sin saber por qué y no hubiera forma humana o artificial de recuperar tal cantidad ingente de información? ¿Qué pasaría? El colapso, el caos, la locura… Sería como el final del segundo libro de Chuck Palahniuk o en esas novelas y cómics de ciencia ficción post desastre nuclear. Me aterra pensar en ello. Así que prefiero pensar en lo viejo que me voy haciendo. Los jugadores que admiraba de chico no es que no jueguen, si no que son sus hijos los que están tomando el relevo, como es el caso de Míchel y Busquets (éste no tan admirado, era bastante flojo el hombre). ¡Diantres! No hay salida. Ni por detrás, ni por delante. Será mejor alzar la vista y, por ahora, centrarse en el presente.

 

Ta luego. A2.

No estoy llorando. Son las hormonas

Diciembre 9, 2008 por Alberto M²

 

Los que me conocen saben que me gusta la cultura. Conocer, indagar, saber. Creo que es una las formas más edficantes que tiene el hombre para que la sinrazón no le posea. Aprender algo más de lo que sienten y han vivido otros. No se trata de ser más sabio, si no que cada día tenga nuevas dudas a las que necesito hallar respuesta. Eso no es óbice para que sea algo cerrado de mente y me cuesta mucho otorgar el beneficio de la duda a todo aquello que no me gusta. Soy bastante talibán a la hora de aventurarme en terrenos sobre los que me pesan demasiado los prejuicios. Una pose que sólo busca que las modas no me arrastren con la masa y mantener a salvo mis indelebles opiniones. Pues bien, a pesar de todo lo dicho y a que pueda sonar contradictorio, me gusta la Tele. En especial, los buenos partidos, las buenas series y los buenos programas de televisión. El resto, lo veo por la demagógica deformación profesional y para sentir que los programas que hago con mis compañeros en la productora son algo más que dignos para los mimbres que disponemos. Hoy simplemente ha sido un día para olvidar. De los lunes que peor me he sentido en mucho tiempo. Romo, borde, indeciso y frágil. Pero ver Cámera Café y escuchar como Julián le dice a Nacha “No estoy llorando. Son las hormonas” al sentir que el bebé del que van a ser padres ha dado la primera patada, es darme cuenta que la genialidad habita en cualquier forma de expresión artística. Camera Café con sus calculadas dosis de cinismo e ironía es el magnífico espejo deforme del trabajador español. Me hace vislumbrar un atisbo de esperanza. Todavía es posible hacer buenos programas de televisión en este país, donde quien mande sea el guión.  

 

Ta luego. A2.

“Dame tabaco, moreno”…

Noviembre 24, 2008 por Alberto M²

 

Los textos escritos a bocajarro, una vez pulidos, suelen ser una concatenación de frases barrocas, personales, deslavazadas y un tanto excesivas. Esta endeble afirmación mía viene a colación por el hecho de que quería escribir sobre tres anécdotas que me llamaron mucho la atención, pero al final no lo hice por pura perrería. Hoy, en cambio, si me apetece hacerlo. La primera de ellas es que leí que el entrenador del Barça, mi idolatrado Pep Guardiola, animaba y motivaba a los jugadores de su equipo antes de jugar un partido con canciones de Cold Play. ¡Diantres!, pensé. Como al bueno de Pep le de el día chungo y ponga la recopilación de los clásicos básicos tristones de domingo por la tarde me-ha-dejado-mi-novia (todo junto y sin respirar) estamos buenos. Nos mete cinco hasta el Sporting de Barbate. No hay cuerpo que se resista a exhalar un suspiro lastimero y mimosón si escucha seguido “In my place” y “Trouble”. Que levante la mano el que sea capaz de aguantar la embestida. La segunda curiosidad es que un contenedor de vidrio verde, sucio y bastante peculiar (peculiar porque está lleno de carteles de conciertos heavies que sólo se anuncian ahí en la ciudad en garitos que desconozco) que me cruzo varias veces al día en mi camino hacia el trabajo, veo el anuncio de una señora que se ofrece a tejer jerseys para perros de todos los estilos, cortes y calidades. ¡Toma ya! No vale con que mi perro no sólo esté caliente, si no que me vaya con un jerselito fino y de pico los domingos de guardar. Me abstengo de seguir comentando la jugada. La última bagatela que me ha hecho pensar, son una mujer y hombre maduros, los dos funcionarios que también me cruzo cada mañana en mi camino, mientras comparten confidencias echándose uno de los tantos cigarros del día en el exterior del edificio en el que trabajan. Se me ocurrió trenzar una historia en la que los dos eran amantes: “Los amantes del tabaco”, pensé como título de una historia de novela negra barata. A grandes rasgos, el trasunto del relato es que cada mañana los dos amantes se reunían bajo la excusa de un trivial y anodino cigarro compartido entre compañeros de trabajo, aunque en realidad su plan era engañar con un desfalco de escándalo a la administración pública para la que trabajaban y huir de sus anodinas vidas y parejas, rumbo a dar rienda suelta a su pasión en un lugar que obligue a ir la mayor parte del tiempo desnudo al sol. Lo malo es que había un testigo, y ese testigo era yo, que cada mañana pasaba a una hora distinta en un intervalo no superior a 10 minutos. Cada vez que pasaba, múa escucha retazos de su plan maestro, hasta hacerme una idea de sus verdaderas intenciones. El final es sencillo, como soy un bobelas, ellos triunfan, acaban fácilmente conmigo. Todo porque se me ocurre ir a la justicia y a la policía a contarles su el delito que se avecina. Y ya saben vuesas mercedes, cómo funcionan ambos poderes en nuestro país.

 

Ta luego. A2.

 

PD: ¡¡¡¡Yessssssss!!!! Ya tengo el nuevo disco de “The Killers”: Day & Age. Y como sucede con las cosas que nos apasionan y encantan más allá de justificaciones razonables de cualquier tipo, me encanta. I don’t say anymore.

Yo no soy Terry Lennox

Noviembre 24, 2008 por Alberto M²
Cada vez que me vengo arriba, hay una serie de tipos que cuando los leo, me recuerdan que esto de escribir es un oficio muy serio. Que no vale con ser un inepto y creído juntaletras. El orgullo es muy peligroso y siempre anda con ganas de pisotear la honestidad del trabajo bien hecho. El halago vacío, la palmadita en la espalda y la sonrisa arrebatadora son presagio de que la cosa no va nada bien. La consigna es huir de todo. ¿Pero de qué? ¿De ser feliz? ¿De reírte? ¿De vivir? ¿Merece la pena ser un hombre torturado? Seguro que no. El mito del artista destrozado por su genio ha hecho y hace muchísimo daño. Al final esto, sólo se limita a contar historias, lo demás sobra. De nada sirve tener un pasado peligroso, intenso, si no eres más que un mísero aprendiz de personaje de novela negra. Disfrutar y entretener, esa es la consigna. Por eso toca empezar de una vez por todas la historia. Estimados lectores, imagínense la escena: un joven anda por la calle, camino de no sabemos donde en una ciudad aún más anónima. Si acaso nos atreveremos a decir que es una ciudad de provincias, por la falsa tranquilidad que rezuma. Es de noche y su paso es ligero, pero sin la prisa necesaria de aquel que llega tarde a una reunión o está haciendo esperar a una mujer. Por el trayecto mira los escaparates, hasta que se para en seco por que cree haber visto a alguien. Sí, claro que sí, es ella. Lo habéis adivinado, queridos lectores, siempre son ellas. El joven clavado entre las dos sucias baldosas blanquinegras de la acera en la calle Toefting, mira cómo atiende a los clientes, cómo se desenvuelve con gracia entre inútiles y horteras regalos navideños y cómo al final se da cuenta que el joven la está mirando. Ella también se queda quieta, sin saber qué hacer, si mirarlo hasta morir en vida o gritar, hasta que pasados los instantes de descontrol, se da la vuelta y continúa trabajando. El joven, levanta la cabeza y mira a la noche en busca de la luna. Respira hondo se tantea los bolsillos del abrigo, saca el MP3 y antes de volver a caminar, busca la canción adecuada para este momento.

 

Ta luego. A2.

 

PD: De la cantidad inmensa de música que he escuchado este año 2008, me atrevo a decir que la gran canción de este año es “Lover’s day” de TV On The Radio. Es tan buena y colosal, que  voy a dejaros este enlace para que la escuchéis (sin que sirva de precedente, claro, jajaja): http://www.lastfm.es/music/TV+on+the+Radio/_/Lover’s+Day

Las buenas historias

Septiembre 30, 2008 por Alberto M²

 

No ha sido hasta este fin de semana cuando me he dado cuenta que el verano me ha abandonado y que están muy lejos los días en los que el sol volverá a atacar mi piel en los intensos y cortos días de playa. Ha sido un shock, un golpe a traición, una puñalada trapera de un enemigo que amagaba durante semanas, pero al que jamás hice caso. El primer domingo de lluvia y oscuridad me obliga a escribir para ser capaz de quitarme el mal regusto que tengo a estas horas, aunque hoy ya sea martes. Dos días después aún sigo con la misma sensación de angustia. Escribo a ciegas, sin tener claro qué decir. Quiero que las palabras fluyan sin corsés personales y de espacio. Me detengo a releer lo escrito y me doy cuenta que a este texto le faltaba esta mínima introducción que estoy rematando. El texto original empezaba con esta parte que viene a continuación, hecha con el mismo espíritu liberador.

 

Me gustan las cosas sencillas, donde todo fluya con naturalidad y sin artificios de ningún tipo que dificulten la comprensión y la lectura narrativa de lo expuesto. Sólo permito que algo sea complejo y rebuscado, si está contado con el suficiente talento y brío como para conseguir que mi cerebro suba un escalón más y le obligue a estar más alerta que de costumbre. Quizás por eso, uno que es medio adicto a lecturas de fin de semana de semanales de periódicos, revistas mensuales de cualquier temática (femeninas, cinematográficas o las llamadas de “vanguardia”), se mosquea bastante cuando algún artista habla de su creación o proceso creativo como algo tortuoso, alambicado y complejo, para a continuación, normalmente echar pestes de la poca formación del público español o el escaso apoyo de las instituciones públicas. Es como una sura que se repite por doquier. Me cansa y no me gusta. Al igual que la reiteración en la incuestionable genialidad de diversos autores a los que todo se permite (ojo, y no me refiero a declaraciones públicas, que me dan igual. Me refiero a sus licencias y trabajos artísticas) y que jamás son cuestionados, y si se hace, sólo es por motivos de envidia y vileza por individuos de muy baja estofa. Hace poco leí en una entrevista a Woody Allen en las que el director norteamericano afirmaba que con sus películas él sólo quería contar historias. Nada de cambiar el mundo, de adoctrinar o moralizar o ser el gran agitador de conciencias que osa cuestionar la decadencia moral de occidente. Nada de eso. Simplemente contar historias. ¿Acaso hay algo más apasionante? Se trata sólo de ser esclavo de la narración y personajes de tus obras. De que tu único objetivo sea entretener, divertir, asustar y preocupar a tu público con tu relato, que se enganche como una garrapata sedienta de sangre. Nunca juzgarle o situarte en un estadio moral superior. Entonces, ¿a qué vienen tantas ínfulas de autor? Tantas patrañas mal escritas y rodadas, tanta supuesta provocación, tantos planos innecesarios e historias que acaban en un sueño. Tal vez, porque aunque lo neguemos, anhelamos ser únicos y admirados por un “algo” revolucionario. Porque nos encantan las palmaditas en la espalda y sentirnos especiales. Lo terrible es que sabemos que nuestra supuesta obra maestra, no es más que un engendro vacío y hueco, que no cuenta nada. Y eso es algo que jamás le sucede a las buenas historias.

 

Ta luego. A2.

 

PD: Después de tanto tiempo ausencia, las recomendaciones de toda índole se me acumulan. Aquí van las musicales: Brian Wilson con “That Lucky Old Sun”, Kings of Leon con “Only By The Nigth”, The Pigeon Detectives con “Emergency” (buenísimo el primer single del disco), Wolf Parade con “At Moun Zoomer” y alguno que otro más que ya iré anunciando.

23 días

Agosto 1, 2008 por Alberto M²

 

Se trata de aprovechar las horas para que desaparezca la maldita marca blancuzca del reloj de urbanita asfixiado; dilatarse en el tiempo saboreando los detalles más surrealistas, sabrosos y carnosos; decir adiós a las cuatro dosis diarias de cafeína; dar rienda suelta al risorio y doblarse el espinazo sin fatiga en mil y un chacarrillos, anécdotas y puyitas ajenas o propias; en conseguir que las ahogadillas no superen jamás la peligrosa barrera de 30 segundos bajo el agua; calzarse el disfraz de hombre intenso y melancólico al atardecer y canalla en las horas turbias de la noche; que Nick Hornby me siga pareciendo uno de los pocos hijos de la Gran Bretaña que merece la pena de ese país y que Ford y Wilder me arroben sin manipular. Son 23 días de vacaciones y los pienso aprovechar a destajo. El mal espera. ¿Las reflexiones? Ya veremos.

 

Ta luego. A2.

La jugada de la cabra

Julio 21, 2008 por Alberto M²

 

Ayer el portátil de mi hermana me hizo la auténtica, dolorosa y famosa jugada de la cabra que de cuando en cuando hace su maldita aparición en mi vida. Tenía casi afinado y pulido un relato donde una que pareja cenaba, charlaba y filosofaba sobre vaguedades mundanas, con el fin oculto de que la tensión y pasión del momento no les pudiera, y que allí mismo, se dejaran de zarandajas para ser presas ansiosas de gozar del arrebato carnal. Un relato que pretendía ser una fina y sutil ironía (sic) sobre las artes de la seducción, lleno de generalidades y trivialidades en las que casi todos nos veríamos reflejados. Pero, incauto de mí, el cacharro entró en ebullición, caliente como una tostadora marca AIRIS, se apagó de improviso, sin que yo hubiera salvado el texto. Cabreado, me fui a la cama a escuchar música, buscando rehacer en mi mente el texto perdido, pero mi memoria no es la de un opositor a fiscal, así que maldije mi mala suerte y a leer a Philip Roth, a ver si se me pega algo. Un día después, pienso ahora en una de las supuestas perlas del texto, el por qué una de las generalidades puesta en boca de él, en realidad es una generalidad mía (Alberto), en contra de las generalidades de ella, que no tengo una figura definida en la cuál reposar la autoría. La generalidad en cuestión es que la vida para mí se divide entre aquellos peatones que agradecen con un leve gesto al conductor que les ha cedido el camino en un paso de cebra y los peatones que prosiguen su camino como si nada. Sé de sobra que no es más que un asunto baladí, pero creo que en el hecho de agradecer hay algo más. Nadie te obliga a dar las gracias. Es obligación del conductor parar. Pero en el agradecimiento hay implícito algo más: respeto ante quién se fija con atención en su camino, educación como gesto automático de cortesía o una mera señal de aquiescencia ante un comportamiento; es decir, tú te paras y yo te lo agradezco. Amigo, estamos en el mismo barco. La verdad, es que antaño me decían con sorna que por qué saludaba al conductor que me cedía el paso, y no sabía qué responder. Ahora ya sí lo sé. Esto es muy jodido, duro y complicado. Vivir no se hace fácil, así que un pequeño gesto de cortesía es algo más que educación. Es saber que hay otros que están también en tu mismo barco y que la vida se hace soportable gracias a los pequeños detalles.

 

Ta luego. A2.

Mueve el culo, Peter

Julio 13, 2008 por Alberto M²

 

Podría escribir una historia sobre la vida errática y asombrosa de ese auténtico chino cojo que acercaba los instrumentos a los miembros de la banda de Bob Dylan entre canción y canción en su mágico concierto de Mérida; podría ser uno más de los que escribe una crítica mordaz y sangrante sobre el despilfarro y soberbia cometido por los mandamases del G8 en su indignante comida de 18 platos; podría escribir un pequeño texto tristón sobre el hecho de que cada vez la presencia de mi adorado Starbucks estará cada vez más lejos de Badajoz por culpa de la crisis; podría intentar expresar que ayer la piel se me puso de gallina al escuchar como el cante de José Mercé me ha dejado enamorado de su arte flamenco para siempre (aunque para mi decepción, no cantara su intensa versión de ”Mammy blue”); podría dármelas de cinéfilo cultureta y darle bastante caña a Spielberg por sus sempiternos extraterrestres en la última de Indiana Jones y como Shymalan es un director que siempre me ofrece algo nuevo, aunque siempre me sabe a poco, porque tengo la sensación de que se quiere demasiado a si mismo como genio; podría escribir algo cínico sobre la locura desatada estos días por el lanzamiento del iPhone de Apple, pero la verdad, es que temo que no sea más que un reflejo de mi obsesión incontrolable por la tecnología; podría ser sincero, pero la mentira es un juego de inteligencia adictivo y apasionante; podría… En fin, no puedo porque me quedan sólo tres semanas para irme de vacaciones. La desgana me posee. Me cuesta darle trascendencia a las cosas. Ya no me quedan calendarios vírgenes en los que tachar los días. Este año si que no me quemo en la playa. Lo siento gente, no me voy a recortar las patillas. Tengo bastantes libros interesantes y películas reservadas para emocionarme en los días de asueto. STOP. Quiero que Peter Weir vuelva a dirigir más películas.

 

Ta luego. A2.

Lo amó

Junio 9, 2008 por Alberto M²

 

Lo amó para siempre, con la pasión que no dan los años quedos, el dolor silencioso que la martirizó todos y cada uno de sus días y el ansia de un cuerpo que se vaciaba en otros hombres, en el engaño de aplacar un amor imposible de saciar. Porque el día que Elena salía de comprar cartulinas blancas de la librería de la viuda del Sr. Pérez para un estúpido trabajo de carrera, se lo encontró sin más y apenas pudo balbucear un tímido “gracias” mientras él le cedía el paso y la sinrazón del amor se apoderaba sin remisión de ella. No eran mariposas lo que le subían por el estómago, eran pirañas que mordían su ser y que desbrozaban el control férreo con el que hasta entonces había tejido su destino. Desde bien pequeña, se propuso que nunca sería como las mujeres de su familia, una saga de hembras excepcionales, lúcidas e inteligentes, que por una extraña maldición caían embobadas de generación en generación a los encantos y requiebros de los varones más mequetefres del lugar. Mujeres a las que insultaba sin desmayo cada noche en gritos sordos y lamentos ahogados por una almohada llena de lágrimas de rabia y cariño. Fruto de este sofocón rutinario, las molestas calenturas nacían una y otra vez durante la duermevela nocturna en la comisura de sus labios al pensar que abuelas, tías, hermanas y madre habían tirado por la borda tanto arrojo y talento, para no ser más que unas marionetas, anuladas por machos inferiores, dominantes, celosos hasta más allá de los límites de su cobardía y de violencia fácil cuando veían que al ser cuestionados se resquebrajaban las grietas de su falsa hombría. Elena se marcó como meta que jamás habría hombre al cual rendirle cuentas, ni a quien pedir permiso para ser libre y vivir según su propia conciencia y equivocaciones. Fue siempre fiel a esa máxima, pero sin darse cuenta hasta los estertores de su vida, que ella también fue presa de la misma suerte familiar, con la cruel salvedad de que abuelas, tías, hermanas y madre sí disfrutaron en vida del hombre que mal eligieron, pero ella se negó a sí misma a perpetuidad la dicha de gozar de su amor. A partir de ese encuentro, su vida fue un desgarramiento infinito por ese hombre, cuyo amor sólo era capaz de expresar mediante abrasivas miradas furtivas si por un casual se lo encontraba, porque jamás cruzó palabra alguna con él. Los intensos ojos verdes de Elena ardían en un deseo tan lacerante, que el sofoco desgarraba sus entrañas hasta hacerla palidecer y que incluso era necesario que ingiriera para recuperarse dosis generosas de potasio y vitamina C en forma de plátanos y naranjas. Nunca lo buscó, pero siempre tuvo la sensación de que todo lo que había en su pequeño mundo era él. Las paredes de las calles parecían tener la marca de sus zapatos de punta redondeada y tacón de tres dedos, los bares del centro servían a todas horas un café con leche largo de café, los libros de la Biblioteca municipal tenían el rastro inconfundible de una doblez marca páginas en la esquina superior derecha y los coches de la ciudad siempre iban con las luces de cruce encendías a cualquier hora del día y en cualquier estación del año. Verlo era no respirar, morir en vida al imaginar que no podría arañar su espalda como es natural entre amantes y que las manos le temblaran tanto al atisbar su figura, que tenía que cerrar los puños hasta hacerse sangre en las palmas o se rompía una uña de la fuerza represora. Así fue la vida de Elena, lo amó para no tenerlo.   

 

Ta luego. A2.

Fijo, discontinuo

Junio 4, 2008 por Alberto M²

 

Más de 10 días sin escribir en el blog. Ausente ya sea por culpa de la pereza, el absorbente binomio James Ellroy-García Márquez, vaivenes personales o tal vez que no ha ocurrido nada que me llamara mucho la atención como para dedicarle unas breves palabras. Será que mi musa andaba de copas, la muy lianta. Pero hoy, no sé por qué, desde que me he levantado esta mañana tenía muchas ganas de escribir. No sé de qué, sólo escribir. Así que, ahora que me pongo a ello, podría hablar muy serio y dogmático de la subida en la tarifa de la luz llevada a cabo por las pobrecitas eléctricas a los derrochadores consumidores, justificada unánimente por todos los periodistas palmeros del Reino. Es lo bueno que tiene irse haciendo viejo y con algo de memoria, recuerdo como hace un lustro se acusaba a las eléctricas por parte de todos estos “bien pagados” de no invertir y renovar como es debido el parqué eléctrico español. ¡Qué casualidad! Cinco años después las infraestructuras eléctricas siguen siendo igual de lamentables, pero a los españolitos de a pie les toca pagar más. También podría meterle mano en plan entendido de toda la vida a la inminente y apasionante final de la NBA entre los Boston Celtics-Ángeles Lakers. Uno era demasiado niño como para recordar los míticos enfrentamientos de los años 80, pero ahora que no he dejado de seguir y conocer más a fondo la historia de ambos conjuntos, percibo en mis carnes el maravilloso y formidable peso de la historia del baloncesto que aglutinan estos equipos. Sólo sé que va a ser espectacular y espero que durante más de dos semanas el menda estile ojeras cavernosas allá a donde vaya, porque cada tres noches voy a estar disfrutando de una final única, con el aliciente de que un español como Pau Gasol sí que puede hacer historia con mayúsculas y entrar en el Olimpo del Deporte. Si quiero sacar mala baba y mandar lo políticamente correcto a freír monas, podría hablar del falso anuncio promocional de Euskadi, donde sí que aparece el sempiterno y cargante baialador karateca, pero no los asesinos de los pistolas. ¡Cachis, menudo fallo! Es lo que tiene pasarse media vida mirando para otro lado cuando matan al vecino, que se te olvidan las cosas. Veo los deportes en la tele y podría hablar de la hierática tipa que ha anunciado hoy las ciudades que competirán por convertirse en sede de los Juegos Olímpicos de verano en 2016. Es imposible pronunciar peor el nombre de cada una de las ciudades. Sí no me he enterado de nada, de nada. Vamos, que en vez de Madrid parecía que había dicho Cádiz. Lo que le faltaba a los gaditanos, juntar un Carnaval y unos Juegos Olímpicos en un mismo año. Me imagino a los atletas diciendo a los rivales que les superan “¡Pishaaa, no corras tanto, que por allí sólo hay agua y te vas a mojar!”. Tal vez podría ir a por la cena, aunque como siga utilizando tanto el condicional, la cena será un pasado irrecuperable.

 

Ta luego. A2.

¿Esto es un blog?

Mayo 22, 2008 por Alberto M²

 

Cuenta Jordi Evolé (el genial follonero de Buenafuente) que un blog sirve por encima de todo para escribir lo primero que le venga a uno en gana, sin guión fijo, ni presiones temporales, ni corses narrativos, ni tan siquiera jefes correctores. Le doy un poco vueltas al coco a esta afirmación y siento que el capullín del Evolé tiene bastante razón y, más aún, contando que yo raras veces cumplo con esta premisa y eso sí que es un síntoma notorio de que hago las cosas mal. Tanto meditar y al final sería mejor que germinase a bote pronto aquello que clama por ser contado. Jajaja, cómo se nota que es jueves casi a medianoche y estoy hecho trizas. Ains, si es que un tipo que se atreve todas las noches a bordear a su jefe en su cara, va a ser que tiene algo de razón. Bueno, que me desvío. Vuelvo al sendero de lo que quería contar. Por lo que tengo entendido, la definición de un blog es que son un conjunto de divagaciones o dislates internaúticos en primera persona a modo de diario de a bordo, ilustrado con imágenes, canciones de Evanescence o vídeos del youtube de chorradas de amigotes. Pero claro, casi todo lo que vierto aquí no son más que flojos relatos narrados en primera persona, que nada tienen que ver con mi vida. Es decir, yo no estoy, ni protagonizo lo que escribo. No son vivencias propias, no es mi vida. No soy yo. Alguno espetará que siempre uno está presente en sus textos. Claro que sí, respondo, cómo no voy a estar presente en ellos. Si surgen gracias a chispazos, ecos, sugerencias o reminescencias de lo que voy conociendo para bien o para mal en mi vida. Pero ese ser omniscente y al que le ocurre todo en los relatos, vuelvo a repetir, no soy yo. Por eso, diferencio muy claramente en el blog mis opiniones, que son los artículos, de aquellas otras narraciones más literarias, que no dejan de ser más que las historias y relatos, y encima, sin imágenes. Textos limpios, que por una inexplicable coherencia personal todavía no sé por qué mantengo de ese modo. Es lo que tiene ser un tipo de principios extrañamente personales.

 

Ta luego. A2.

 

PD: El cuerpo me pide encarecidamente recomendar los últimos discos de Loquillo, Pereza y Manolo García. Alguno ha sido una gratísima sorpresa, otro me ha servido para tragarme mis juicios impetuosos y el último es una pasión y debilidad personal que está por encima de cualquier tipo de consideración lógica. Y si queréis descubrir una biografía maravillosa, por favor, disfrutar de las memorias de Gabriel García Márquez en “Vivir para contarla”. Grandiosas.

 

PD1: Sé que soy un pesado, pero recomiendo también que no dejen de leer todos los días a Enric González y Manuel Alcántara. Sabiduría humana en la sencillez de unas palabras llenas de talento y vida. Sin artificios, resquemores o dogmatismos. Sólo la ironía de aquellos que miran sin juzgar.

Rendido

Mayo 15, 2008 por Alberto M²

 

Hace calor, seca la lengua, la garganta que brama por un trago de agua fresca que alivie la quemazón y la camiseta no es más que una balleta pegada a mi torso. Soy un enorme bicho rodante en el imán de una prisión acolchada, pegado a unas sábanas momificadoras, que me torturan con denuedo. Huyo de un salto exagerado, que me hace sudar aún más. En la cocina, rastreo en busca de una pequeña botella de agua fresca en una nevera vacía de alimentos y atestada de porquerías. Me miro al espejo de la entrada y sólo veo a un hombre con ojeras inmensas que delatan varias noches sin dormir y sacan a la luz muchos años de mala vida. Camino por la casa a oscuras, en la extraña quietud de las cosas que parecen que hace un rato estaban en otro sitio. Me asomo al balcón y el fuego nocturno de la calle me hace creer que el aire ha tomado forma corpórea. Gritos callejeros de chavales excitados en sus motos y el ruido de los parroquianos del bar de mi calle que gritan cada vez más alto en conversaciones cada vez menos interesantes. Siento que jamás habrá calma alguna que alivie mi sopor. Vuelvo al cuarto y no quiero pensar, no quiero darle vueltas al pasado, no quiero analizar nada, no quiero cambiar lo imposible, ni tampoco quiero ilusiones. Dormir, dormir, dormir es lo único que pido. Cierro los ojos. Respiro profundamente varias veces. Imposible. Me levanto y mato dos mosquitos asesinos agazapados, buscando picar a traición, de forma artera y esquiva, sin luchar cara a cara. Así es la calaña de los chupasangres. Tumbado boca arriba, poco a poco me relajo y mi cabeza no deja de pensar en una canción, de las que emanan oscuridad y tristeza sin desmayo. Hay sensaciones únicas, íntimas e intensas de las que nunca te abandonarán en la vida. Y esa sensación casi siempre ocurre cuando uno ama o llora, que es lo que empiezo a hacer sin ser capaz de parar. Lloro para vivir. Pasado un rato me encuentro más relajado. Los párpados se me van cerrando y ya apenas me acuerdo de esa maravilla compuesta por Portishead, llamada Roads. Rendido, caigo en sueños que jamás recordaré.

 

Ta luego. A2.

Sin historias que contar

Mayo 13, 2008 por Alberto M²

 

En el día que no tengo historias que contar, encontré un pequeño texto tuyo que me dejó perplejo. Lo he leído una docena de veces y sigo sin saber porque me gusta tanto, y la razón no es porque sea tuyo, que también, pero esta vez es algo más lo que cautiva y embelesa. Es lo que tienen los textos denudos, sin artificios, donde no hay palabras huecas y sentimientos ampulosos. Es la sencillez de una cercanía que surge entre dos y no sabes bien porque todo lo cambia. Bien me dijeron que esto va por épocas, unas veces más cínico, otras más descarnado y al final vuelves al mismo estado insulso de siempre, pero que te permite ver la situación de forma más nítida y relajada. ¿Sabes? Apenas sé que decirte, sólo que estoy cansado de que me duela la espalda y que necesito que al respirar no se me escapen suspiros traicioneros. Cuando camino tengo la obsesión de mirar los anuncios de las farolas, es una buena manera de saber por donde discurre la vida. Tipos que te quitan cualquier dolor con apenas mirarte, chicas que exclusivamente quieren compartir piso con otras chicas por culpa de novios celosos y padres pazguatos, revistas de partidos humanistas que necesitan un equipo entero de redacción, calendario de reuniones de iglesias evangélicas por si quieres estar un domingo entero en comunidad amorosa, mudanzas express o empresas reunificadoras de deudas para aquellos que jamás las pagarán… Sé lo que pasa, porque asumo que me revisto de dos capas de indiferencia. Una, que conozco y domino y otra, que me da miedo atravesar porque me siento indefenso si lo hago. Porque al final resulta que no me conozco. Hoy andando he visto la zanja de una alcantarilla abierta de forma peligrosa al paso de los peatones y me acuerdo como hace años un hombre se trastabilló y casi cae en una de ellas. Asustado fui rápido a socorrerle, aunque no sirvió para nada. El hombre se valió por si mismo y no dejaba de decirme varias veces “no se preocupe joven, en mis caídas me levanto yo”. Ufff, me impone demasiado respeto y lejanía ese hombre. En mis caídas necesito manos donde agarrarme para volver a ponerme en pie. Me voy y no sé lo que me espera.

 

Ta luego. A2.

 

PD: Perdón por utilizar de forma excesiva varios adverbios de modo acabados en -mente y algún que otro gerundio. Por una vez, no se me ha pasado. Está hecho a propósito.

Si acaso…

Mayo 8, 2008 por Alberto M²

 

Empecemos. Las casas colgantes de Cuenca me tienen más que hastiado; el perro verde que se sienta a mi vera mientras veo pelis por las noches últimamente le ha dado por citar a Betrand Russell; las canciones que grabé ayer con la banda se han ido al carajo por culpa de las espinacas del mediodía que nos han hecho desafinar más que de costumbre; las ruedas de la maleta son tan lisas, que no sirven para coger la velocidad adecuada para despegar hasta el infinito y más allá en los días de lluvia; si siento que desaparezco y me vuelvo más grisáceo, pego un salbido, masco un chicle kilométrico Boomer, doy una palmada y guiño un ojo de mala manera a no sé quién; “es mentira fijo”, “tienes que echar gasolina”, “bebe leche a morro”… son los sabios consejos que me da un jugador de golf en un apasionante torneo de una recóndita isla de la Polinesia; ¿tienes algo más que decir? uffffffff, va a ser que si lo hago me canso; la calima es tan intensa y la humedad que despriende el aire me quema tanto, que apenas puedo respirar y mis ojos son un torrente de lágrimas que brotan sin resortes de ningún tipo. Creo que toca acabar. Porque si no lo dejo claro va a parecer que soy un guiñapo de tío. Eso nunca. Si acaso lo que soy es un…

 

Ta luego. A2.

Día del Holocausto

Mayo 1, 2008 por Alberto M²

 

1 de mayo, Día de los Trabajadores y día de insípidas manifestaciones en las que unos tipos que no me dicen nada, que se dedican a “liberarse” para trabajar lo menos posible y sin las agallas necesarias para zarandear a muchas de las empresas despóticas que pululan por el país, hablan de derechos, salarios dignos, etc. etc. Más que sindicatos de trabajadores, siento que no son más que meros sindicatos de funcionarios. Allá ellos. Pasemos a otra cosa, aunque mis labios balbuceen palabras que mis dedos son incapaces de trasladar al teclado, hoy también se conmemora el Holocausto judío y debo decir que estoy aterrado. Aterrado porque el sentimiento de violencia y odio es tan intenso y brutal en el hombre, que en cualquier momento semejante infamia se puede volver a repetir, sin saber quién de nosotros será la víctima y quién el verdugo. Vivimos instalados en la frágil comodidad de un alambre de ilusiones, “buen-rollismo” y adormecimiento ante lo que nos rodea y que sólo nos interesa, mientras nosotros seamos los protagonistas abolutos de la historia. Lo que le suceda al otro, a mí me resbala. En mi vida no quiero que esto sea así. Hace más de 60 años Europa sufrió la mayor sangría de su historia y aún seguimos sin aprender. Nos da igual todo. Hoy debería ser un día para que los padres les hablaran a los hijos de la maldad que es capaz de infringir el hombre, de que nosotros somos responsables de lo que nos sucede, de nuestros actos, opiniones y omisiones. Que nada sucede porque sí. Aquel que no se compadece del sufrimiento ajeno no es más que un miserable. Quiero tenerlo siempre presente y que la soberbia y la sinrazón jamás se apoderen de mi. Antes de acostarme, veré un poco de la película más imprescindibe que se ha hecho sobre semejante tragedia: “Shoah” de Claude Lanzman.

 

Ta luego. A2.

 

PD: Para aquellos que disfruten con el pop elegante, con aires electrónicos, música y producción cuidada, sonidos diferentes, voces suaves, apenas susurros que simulan ser gemidos de placer, pues estoy seguro que les encantará el disco de Hercules & Love Affair. Si os atrevéis a ser seducidos por estas canciones, pies y caderas no pararán de moverse hasta encontrar una cintura a la que acoplarse.

En el parque

Abril 17, 2008 por Alberto M²

 

A lo lejos se avecinan intensos nubarrones con ganas de derramar su valioso oro líquido para alegría de viejos y agricultores y alivio de políticos ineptos, y yo otra vez ando sin paraguas. No me importa, hace bochorno y noto más que nunca la presencia de aquello que me hace ser tan alérgico. Ojos llorosos, nariz cargada y respiración pesada. Aún así, me gusta pasear por este parque. Cada uno a su aire y personas de todo tipo se reúnen en este pequeño vergel verde, nacido entre ladrillos y coches. Y qué intensa es la harmónica en “Vagabonds”. Jóvenes despreocupados trasiegan por el césped, algunos retozan, otros escuchan música de algún cacharro que no veo y que escupe palabras a ritmo de secretaria antigua y los más, fuman porros, aunque la verdad, no sé por qué uno de ellos pega tantas voces, cuando el resto apenas le presta atención. Y cómo es posible que “The lake” sea tan triste y tan bella. Varias jóvenes madres charlan sobre sus cuitas vitales, mientras un cerco de carritos de bebé ejerce de muralla infranqueable ante ellas, sin asomo de varón con ganas de asaltarla. Ancianos sentados en un banco, gafas de sol, bastón y gorra en la cabeza o en las rodillas. Están en silencio, sólo perturbado por las anécdotas del pasado que brotan sin venir a cuento. Así no se espantan los fantasmas, pienso. Y no sé si California me espera, pero qué buenos son. Perros que corretean sin rumbo fijo, de aquí para allá, olfateando por doquier, mientras sus dueños cada día pasan de ser meros desconocidos a personas que tienen motivos por los que saludarse y conversar. Pienso: “Jejeje, eso no pasaría si tuvieran gatos. ¿Alguna vez he visto a alguien sacar a su gato a mear? Va a ser que no”. Y qué lástima no saber inglés, aunque después de traducir que hazme un favor era igual a que desaparezcas de mi vida, me hace quedarme con más ganas con aquello que no entiendo. Una chica nervisosa de pie cerca del kiosko, parece que espera a alguien, no deja de mirar el reloj, llamar a un teléfono que no responde y subirse al hombro un bolso un tanto resbaladizo y hortera. Minutos después, a lo lejos veo como un joven cafre le pega voces y le falta al respeto por tanta llamada. Ella se deja. ¡Qué lástima! Y qué cuando fui joven, y qué si todavía creo que lo soy, y qué si no sé qué decir para jusitificarme. La marcha rápida de aquel que tiene prisas por llegar a su destino, sin darse cuenta que los niños del partido de fútbol le llaman para que golpee el balón que anda a su vera, perdido en un lástimoso lance de juego, más propio de un drop de rugby que de la belleza armónica y perdedora con la que juega el Arsenal. Y qué… Joder, ya me he quedado sin batería en el MP3.

 

Ta luego. A2.

7 ideas inconexas

Abril 10, 2008 por Alberto M²

 

1º. La vamos a tener, maldito pitufo achinaó. Que no me faltes el respeto y te estés un poquito callado, que no tienes ni idea de que va la cosa. Ché, ché, ché. A ella ni mentarla. Lo que faltaba, niñato. Ahora me vienes con esas. Te la estás jugando. Vete, vete… porque la vamos a tener, ingrato.

 

2º. Él quiso ser único y original. Hacer un regalo inolvidable, que fuera símbolo de amor y pasión a partes iguales. Después de vencer la timidez inicial, tocaba mover ficha gracias a un presente rompe tabúes, donde su cariño se mostrara sin amabages. Pero lástima que ella fuera tan alérgica a las rosas blancas. Porque de regalo al final sólo tuvo un chute de Urbason.

 

3º. Mirada al cielo. Mirada a la cuadrilla. Parar o seguir. Altura de trabajo: demasiado peligrosa con este día de lluvia. Posiblidad de despìdo: toda si no se acababa hoy esta parte de la obra. Los vuelve a mirar. El Chato saca el paquete de Ducados y se le acerca ofreciéndole uno: “Ya sabes, lo que tú mandes Juan”. Juan se rasca la coronilla. “Anda y que les jodan. Aquí no se mata nadie por cuatro perras de mierda. A casa”. 

 

4º. Una vara fina y bien pulida, para que en sus tiernos dedos no se hicera daño al agarrarla con fuerza una y otra vez. Esta vez la batalla no era muy peligrosa. No eran San Juan de Acre tomada por los sarracenos. Sólos unos cientos de cardos borriqueros a los que descabezar. Son las seis de la tarde y el abuelo mira emocionado como su nieto sale a la carrera a imaginar y ser libre.

 

5º. Nunca hicieron las cosas bien en su trabajo, pero a pesar de sus chapuzas, la suerte siempre les había sonreído. Menos un día, que por exceso de confianza hicieron el butrón en el bar de una Asociación de Vecinos y Jubilados. Se retiraron ipso facto. No hay cuerpo que aguante tantas historias de la Guerra Civil seguidas.

 

6º. Supo que su vida empezaría a cambiar desde que fue serio consigo mismo y todos los días antes de irse a trabajar hiciera la cama como Dios manda. La seriedad se acabó el día en el que fue despedido por quedarse dormido  y comprobar lo bueno que era descansar con la cama bien hecha.

 

7º. ¿Contradictorio? Sí. ¿Mal hablado? Para qué mentirles, más de lo debido. ¿Estado? No es de tu incumbencia. ¿Tranquilo? Cuando me divierto y no trabajo. ¿Aficiones? A ti te las voy a decir. ¿Trasnochador? Es que mi piel sufre con el sol. ¿Por qué quiere trabajar con nosotros? Jejeje, creo que la pregunta está mal planteada, ¿por qué me queréis vosotros a mi?

 

Ta luego. A2.

Mi primer pico

Abril 1, 2008 por Alberto M²

 El pato de juguete, de un huevo Kinder que jamás llegué a saborear con gula mañanera, que tengo encima de la quema-ojos pantalla de mi ordenador ha aparecido con todas sus patas y alas de plástico desmembradas y a la remanguillé. No sé cómo ha podido suceder semejante desbarajuste. El pato ya no me mira directamente con sus negros ojos saltones como acostumbra casi todos los días, me da vergüenza que lo haga después de que ayer le pusiera de sombrero el envoltorio de un bombón de higo tipo Ferrero Rocher que ayer sí que me comí. Y es que encima ahora me doy cuenta de que no es un pato, es una gaviota. Es extraño, intento buscar excusas para reírme, pero no dejo de pensar en cómo la reciente muerte de un vecino mío me ha afectado tanto. Era un hombre que veía casi todos los días, pero con el que apenas compartí una conversación medianamente decente. No sé por qué. Es una sensación de pérdida de hábitos, de saber que no vas a volver a verlo más, que ya no cruzaremos más palabras triviales sobre el tiempo, el trabajo o la vida y que cuando la muerte tambalea tus rutinas, nunca es para bien. Quiero aparentar una cosa, pero no soy capaz de acostumbrarme a su aterradora presencia. Algo tan obvio como que la muerte es lo que iguala a todos los hombres me deja pensativo. Iguala sí, pero siempre hay distintas formas de morir. Y ante eso, tengo miedo. Una semana después sigo sin quitarme de la cabeza la imagen presenciada de forma furtiva. Son más de las 11 de la noche, vuelta de plató y semáforo en rojo. Veo a dos jóvenes harapientos correr desesperados a refugiarse al interior de un cajero de La Caixa. Al principio creo que es una pelea, pero pronto veo que el huesudo brazo desnudo de uno de ellos indica otra cosa. Semáforo en verde, tardo en arrancar y aún sigo sin poder olvidar como el vicio ha destrozado la vida de estos dos jóvenes. Me enfado, porque no hay cosa que más me reviente que ir de falso moralizador y porque realmente no sé de quién es la culpa. No hay enemigos en los que descargar nuestra ira y sin ellos, nos cuesta tener motivos para los que luchar con orgullo. Menos mal que no nos falta la fe.  

Ta luego. A2.

The Kooks atacan de nuevo

Marzo 28, 2008 por Alberto M²

 Cada vez que llego a casa de trabajar un poco más tarde de lo habitual o de hacer la pertinente ronda de calaveradas nocturnas me encuentro el maldito SEAT Ibiza gris de FERSOMATIC aparcado en un paso de cebra o más que obstaculizando el paso de los coches que quieren pasar por la lúgubre calle de las cocheras. Y es que me entra en el cuerpo una rabia y tirria horrorosa, aderezada por gritos de indignación y mala leche. No me gusta aparcar al estilo “me la cargué”. Me preocupo de no molestar a otros vehículos o peatones, pero me revienta muchísimo los higadillos como el personaje de FERSOMATIC hace todos los días lo que le da la gana al aparcar su Ibiza. Bien, sirva esta insulsa y relajante papanata para comentar que los chicos de The Kooks han vuelto con un nuevo disco: Konk. Hace tiempo tuvo que ser mi amigo Jacin (suerte, spin doctor…) el que me descubriera su primer álbum: “Inside IN/Inside OUT”. Al principio yo era reacio de las recomendaciones de un amigo que todavía cree que hay que concederles el beneplácito de la duda a REM u otros grandes grupos ahora acomodados en los oropeles de la fama. Pero yo me equivocaba gravemente. Estos chavales eran buenos, muy, pero que muy buenos. No han tenido nunca el bombo mediático de los Arctic Monkeys, pero ni mucho menos les iban a la zaga en talento creativo, ni tampoco eran cojos con sus letras y aún mejores canciones. Pues bien, resulta que ahora mi amigo me vuelve a sorprender con este segundo disco, y debo decir que es una maravilla. Tienen canciones sencillas, pegadizas, intensas y rápidas. Cortes como “See the sun”, “Mr. Maker”, “Do you wanna”, “Down To The Market” y “One last time”  no dejo de escucharlos durante todo el día y la maravillosa canción acústica con la que cierran el disco (“Tick of time”) me da la vida cada vez que la tarareo… En suma, pop inglés del bueno para paladares ansiosos por disfrutar de buena música, porque nadie como éstos jóvenes ingleses le cantan al desamor con tanta jovialidad.  Ta luego. A2. PD: El spectrum que tengo por PC por fin se ha bajado la discografía completa de los Jayhawks. Ahora entiendo porque fueron tan buenos. Como ejemplo de ello, sólo hace falta escuchar la deliciosa canción “Angelyne”.

¿Se cumplirá eXistenZ?

Marzo 27, 2008 por Alberto M²

Leo con atención (porque muchas veces uno lee con desgana y con la sensación de que el texto apenas te va a sorprender, véase la sucesión de tópicos vertidos estos días en la prensa española con motivo de la muerte del genial Rafael Azcona. Muerte que no pudo ser peor homenajeada por Televisión Española con la emisión de “La niña de tus ojos”, irregular película, escrita encima a ocho manos. Como si Azcona no tuviera grandes guiones filmados con una tremenda amargura cómica por parte de Berlanga o Ferreri. ¡Claro! Va a ser que como eran películas en blanco y negro, no vaya a ser que el maldito e iletrado pueblo español se nos asuste y cambie de canal. ¡Joder! Si haces un homenaje, hazlo bien, no chapuzas de tres al cuarto) que el creador del teléfono móvil, Martin Cooper se llama el interfecto, sueña con que este artilugio del que nos cuesta tanto desprendernos, se integre dentro de nuestro propio cuerpo. ¡Lo que faltaba! Ahora ya si que no hay excusas para las llamadas a deshoras del jefe, de hacerse el longui y decir que nos hemos quedado sin cobertura o declamar con indignación propia de la Royal Shakespeare Company “Entonces… ¿a quién le he envíado el SMS?”. Ay amigos, nos tocará inventar otra serie de ingeniosas excusas y nada reveladoras de nuestra maravillosa apatía por contestar a los pesados de turno. Cuando nuestro Nokia último modelo corporal chirríe, alterando todos los órganos de nuestro cuerpo, siempre podemos decir “perdona es que acabo de comer y los jugos gástricos de la digestión me han impedido escuchar tu llamada”  o “tío, es que lo tenía apagado, tocaba que la sangre fuera al corazón y no esté siempre dando energía al móvil”  o mejor aún “chaval, no te he mandado el SMS porque me estaban poniendo la antena del móvil en la punta del cap…”  En fin, esperemos que sólo sea una barrabasada de un tipo que un día tuvo la genial idea de inventar semejante e imprescindible máquina infernal. 

Ta luego. A2. 

PD: Ha muerto Richard Widmark. Un gran actor, que si bien no estuvo nunca a la altura mediática de los más grandes, siempre hizo sus películas con notable solvencia. Veáse el insuperable recital interpretativo que mantiene en plano fijo durante más de seis minutos con James Stewart en la nunca bien entendida “Dos cabalgan juntos” de John Ford.   

PD2: ¡SPOILER!: Rectifico. El insuperable talento de Azcona sí que tiene su presencia en “La niña de tus ojos”, cuando el derechista personaje interpretado por Jorge Sanz, después de ser apalizado por error por los nazis, trágicamente espeta “con lo fascista que he sido yo”. Insuperable. Mejor definición del humor español, imposible. Sólo por eso, esta película merece la pena.

Oficial de derrota

Marzo 19, 2008 por Alberto M²

 

 

 

 

 

Ella siempre mordía con saña la parte más carnosa de sus manos, porque sabía que si no era capaz de dejar huella en su corazón, por lo menos que la marca de sus dientes hiciera sangre en su piel, como símbolo que de hambre carnal él siempre iba a estar saciado. Hasta que un día, antes de irse para siempre, ella le dijo “Míralas y memorízalas. Porque el rumbo de tu vida está en seguir aquello que te hace daño”.

 

 

 

 

Ta luego. A2.

A lo lejos

Marzo 18, 2008 por Alberto M²

“Dejadme sólo que estoy caliente y os hora de que me leáis. Cuando lo hagáis, no quiero lamentos, ni palabras de apoyo. Me lo tengo merecido. Lo sucedido en gran parte es culpa mía. Dedicadme sólo una pequeña porción de vuestro tiempo. Si soy capaz de remover los cimientos de vuestras conciencias, soltaré aldabonazos tan letales, que resquebrajarán en mil pedazos los buenos sentimientos hacia el ser humano que alguna vez hayan anidado en vuestros corazones. No habrá ninguno de los implicados que escape a semejante a carga de verdades. Porque ni yo, ahora que estoy en el crepúsculo de mi vida, soy capaz de eludir la responsabilidad de escribir estas palabras, que durante muchos años han abrasado la yema de mis dedos y que ahora tengo el coraje de dar rienda suelta a lo que tanto tiempo he escondido y callado de forma tan miserable. Porque no sólo se trata de ajustar cuentas con el pasado. Es hacer justicia a la ignominia de la que tantos años he sido cómplice silente…” El  viejo repasaba una y otra vez las cuartillas del texto escupido con violencia por una áspera y curtida Olivetti. Cada poco, paraba de leer y miraba por la ventana, con el ansia de que aquello que tenía que hacer no le devorara y le dejara sin el coraje requerido para acabar semejante tarea. A lo lejos, sus pertinaces y cansados ojos aún eran capaces de vislumbrar como en el Paseo del Loco Weighen, un hombre vestido con llamativa y hortera ropa de hacer deporte, se llevaba las manos a la tibia derecha con lastimeros síntomas de dolor, mientras a su altura era superado por el paso vacilante de un joven que sufre los estragos de las alergias primaverales de principios de abril, pero aún así, no aparta su vista de la atractiva dependienta del ultramarino de la esquina, por la que desde hace meses, busca ansioso la oportunidad de que las miradas de ambos se crucen, pero para ella, su mente, corazón y vida sólo está puesto en aquel sueño que nunca jamás será capaz de ver cumplido. El viejo suspira y vuelve otra vez a posar los ojos en las manidas cuartillas.  

Ta luego. A2.

Safa jamasa

Marzo 7, 2008 por Alberto M²

“Safa jamasa”, “safa jamasa. Hacía muchos años que no escuchaba esta expresión. Tuvo que ser mi hermana ayer por sorpresa la que me hiciera caer en la cuenta de que ese era el grito de guerra de mi abuelo para manifestar alegría, asombro o hacer chanza de algún asunto con sus nietos. No sé lo que significa, pero desde pequeño lo he asociado siempre a momentos de risa, bromas y alegría en familia. Tranquilos, este no es el típico texto noño de recuerdos del pasado. Mi objetivo es otro. Hoy, que el monstruo asesino de ETA ha vuelto a sembrar miedo y tristeza entre todos los españoles de buena voluntad, vuelvo a recordar otros momentos sombríos y dolorosos de mi vida: el asesinato de Miguel Ángel, muerte de abuelos, graves derrotas personales… La alegría y la pena. ¡Qué difícil se nos hace revivir lo bueno del pasado, pero que presente están en todo momento los llantos de nuestra vida! Aunque ahora nos sintamos desfallecer, nos toca tener esperanza y valor. Porque al final, serán derrotados.

Ta luego. A2.

Tira de la madeja que no tengo hilo

Marzo 5, 2008 por Alberto M²

En el día que observé como la túnica naranja de un hari krishna despistado, también tenía los bajos sucios y raídos como cualquier mortal occidental que guste de barrer la calle con sus vaqueros y que incluso para tipos expertos como ese calvo por devoción, caminar con una prenda que te obliga a mirar continuamente al suelo para no tropezar, es algo que no es que está al alcance de elegidos, si no que aquellos que lo hacen son personas bastante osadas e inconscientes. Y es en ese día, cuando descubrí por qué el solomillo a la pimienta me sienta peor que el solomillo al roquefort. Los días en los que la pimienta es protagonista en mi vida suelen ocurrirme siempre dos cosas: me quemo la lengua con el café (por lo que se queda lela, tonta y dolorida durante varios días) y me mancho irremediablemente la camisa, sin tener posibilidad de cambiarme y que la infamia del lamparón no me acompañe durante toda la jornada. Y es en ese día, cuando en la duermevela traicionera de la media mañana, soñé como la niña de Rajoy me pedía el voto, despidiéndose a lo Edward Murrow con un trémulo y balbuceante “Buenas noches y buena suerte”. Asustado, nervioso, algo febril y con ganas de olvidar lo soñado, me levanto del sofá en busca de agua, pero cerca del sillón de la esquina veo un hilo negro, me levanto a tirar de él, pero no hay carrete en su final, simplemente es un inmenso hilo negro suelto y deslavazado, que mora en el suelo de mi casa sin saber yo de dónde ha salido y de dónde ha venido. Intento no estar extrañado, por qué ese día mi única obsesión es no dejar de escribir un relato que ocurra dentro de 20 años, que tenga como protagonista absoluto la canción “Formula, Cola, Dollar Draft”  de Marah y para ser tan pretencioso como para transmitir con un mínimo de lucidez e ingenio la idea de que, al final, la verdad de todo esto que nunca alcanzaré a comprender, se halla en mantener siempre vivos mis sueños.

Ta luego. A2.

Cara de lagarto

Febrero 16, 2008 por Alberto M²

En poco más de un mes te he visto actuar en dos de las mejores películas estrenadas de largo este año. A primera vista, parecerá que interpretas al mismo personaje en ambas: “El valle de Ellah” de Paul Haggis y “No es país para viejos” de Joel y Ethan Coen. Tipos con valores, de una pieza, de los que no piden ayuda y para los que su trabajo es algo mucho más que ganar dinero y pagar las facturas de cada mes. En la primera de ellas, amigo Tommy, modulas un personaje de menos a más con detalles nimios y apenas perceptibles para el espectador menos avezado, pero que son un prodigio de actuación ante la cámara, transmitir con la mirada y experiencia: la escena en la que llamas a tu mujer, el terrible caminar doliente por los pasillos del hospital o esa última imagen tan provocadora y revolucionaria, que aún siendo europeo, me remuevo en mi asiento en búsqueda de respuestas ante la barbarie. Es tal la sencillez tan pavorosa que estilas durante toda la peli, que asusta. Eres el mismo personaje durante todo el metraje, aunque los hechos tan brutales te devuelvan la realidad de lo que nos convierte la guerra. Es tan sublime todo lo que haces en “El valle de Ellah”, que sólo así es posible comprender con que genialidad eres capaz de salir airoso del reto de ser el que, en apariencia, no pinta nada en “No es país para viejos”. Todos estamos desbordados por ese magnético y aterrador sociopáta creado por Javier Bardem y su duelo con un inmenso y duro Josh Brolin, pero hasta en ésas, eres capaz de transmitir con tus breves intervenciones la impotencia de un hombre justo, que asiste sin poder remediarlo, a una espiral de violencia de seguro trágico final. Estoy acostumbrado a ver actuaciones que son tildadas como buenas cuando únicamente hay exceso, sobreactuación, gritos y aspavientos y llegas tú, y de un plumazo y sin darte importancia alguna, Tommy Lee Jones literalmente te comes la cámara con tu inmensa presencia. Y claro, que se podía esperar de un tipo que vive en un rancho, que no hace caso del boato y oropeles de la fama y que ha dirigido una de las más hermosas películas acerca de la amistad, como es el caso de “Los tres entierros de Melquíades Estrada” (junto con mi adorada, “Grupo salvaje” del destructivo Peckimpah).

Cara de lagarto, eres grande, muy grande.

Ta luego. A2.

Historia de un flechazo

Febrero 10, 2008 por Alberto M²

19:30 h. Vasos impolutos, de tallo corto y agua mineral sin ningún tipo de aditivo que proporcione un sabor empalagoso. Mesa central del presentador, incolora, diáfana, nítida y sin picos que apunten a ningún flanco. Atriles a la altura prevista. Temperatura: 20º. Focos que no dirijan su haz directamente a la cara. Con aires de obstinado observador ornitológico, nuestro protagonista no deja de pasearse por todos los lugares y recodos del plató. Evita molestar a los técnicos. De vez en cuando se para en seco, mira, escudriña, anota en una pequeña libreta y prosigue su tarea. Habla por el móvil, palabras secas, sin perder nunca la calma, pronuncia varias órdenes rápidas y precisas. Piensa para si: Decorado y escenografía ya revisados hace un hora. Revisión general dentro de media hora. Aunque el realizador sea un gilipollas, sabe lo que hay en juego, es competente y profesional. Todavía queda una hora para que lleguen los artistas. Suenan Cinematics en el móvil. Es Lucía. Perfecto. Los cuatro juegos de camisa, corbatas, zapatos, calcetines y traje listos y revisados a conciencia. Necesito un cigarro. Oye Juan, voy a fumar. Al loro con todo. Cualquier cosa, me llamas. Ya sabes la consigna, aquí el azar no manda. Uffff, donde estará la puta salida de este sitio, esto es peor que un laberinto. Normal que esta gente trabaje tantas horas, si no encuentran nunca la salida para irse a sus casas. Ahí, está. ¡Cómo no! Justo al lado del muñequito verde que lo indica. Diossss, que acabe ya este día. Me va a dar algo. Encima hace frío y yo sin abrigo. Bien, campeón, un gripazo es lo que te hace falta ahora. Ostias, donde estará el mechero. Ajjjj, donde va a estar. En el abrigo. Y allí, a cinco metros de distancia una figura femenina de espaldas juguetea en el suelo con varios pedazos de la acera partida por un accidente de moto. Se le acerca. Perdona, tienes fuego. No hay respingo alguno, sólo un chupa-chups con los colores de la bandera portuguesa que cae al suelo, para estallar en minúsculos y pegajosos pedacitos que dan una extraña nota de color al inmenso mar de hormigón grisáceo del suelo, justo en la hora en la que sol empieza a morir ese día, más grande y naranja que en cualquier otro momento de su viaje diario en la Tierra. ¡Ostras tío, me has asustado! Y el chupachups a la mierda. Casi ni había empezado a saborearlo. Lo siento, balbuceó él. Uffff, venga, no pasa nada. Una caries menos para mis muelas. Toma aquí tienes el mechero. Él lo coge y se sonríe para sí. Es ZP intentando disimular su sonrisa de Joker. ¿Se puede saber de que te ríes? Nada, cosas mías. Uhmmmmmmm, no me lo creo. Pero bueno, tú sabrás. Y por cierto. ¿Qué pintas tú aquí en todo este pifostio, no me suena tu cara de trabajar por aquí y mucho menos tienes pinta de técnico, tan repeinado, arreglado y formalito, jajaja. Bueno, me encargo de que todo salga bien esta noche. Ajammm, entonces eres uno de los tocapelotas que lleva durante este último mes diciendo “esto no, esto tampoco, esto puede… pero no”. Él se río con ganas, pocas veces habían definido con tanta agudeza y crueldad su profesión. Pues sí, soy uno de ésos. ¿Y con quién vas? ¿Con el barbas o con Zeta Pé? Eso prefiero callármelo. Ya me lo suponía yo, vas con el barbas. Con lo estiraó que eres. Tío, relájate. Si ya está todo en manos de esos dos. Pues eso es realmente lo que me preocupa, jeje… Y oye, que yo no soy tan estiraó. ¿Ah, no? Pues no. No me lo creo. Demuéstralo. Pues, pues, pues… Me gusta bailar, leer poesía. Venga ya, tío. Como el 80% de los hombres que van a ligar a los bares, Benedetti para arriba, Benedetti para abajo. No perdona listilla, antes que reírte de Benedetti, muestra un poquito de respeto. Sorprendida, ella se le queda mirando. Muy bien, tío. Me has convencido, no eres un estiraó. Te fajas bien. ¿Ah, si? Pues no has visto lo mejor de todo. ¿Quieres salir a cenar conmigo? 22:15 h. Acababa de darse cuenta de un minúsculo, apenas imperceptible, pero fatal detalle. La camisa del artista asomaba tímidamente por la bragueta del pantalón. Lo suficiente para ser la comidilla mañana en todos los medios del mundo habidos y por haber. Desastre absoluto. Pero no le importaba. Porque mañana él tenía una cena con una lenguaraz y preciosa regidora.

Ta luego. A2.

PD: Para vosotros, los que me pedís historias a las 5 de la mañana. Y para ella, claro, jejeje.

El título lo hace todo

Febrero 5, 2008 por Alberto M²

Justo al lado del ascensor se encontró con la tarjeta de un electricista que aseguraba ser rápido, eficiente y nada ladrón. Le hizo gracia leer semejante publicidad, y que en los tiempos que corren sea necesario dejar patente en la vida que uno no es demasiado amigo de lo ajeno. Se agachó para cogerla, merecía la pena conservar ese pequeño cartoncillo tan ingenioso, pero justo antes de guardar la tarjeta, vio que en el reverso había anotado a mano el siguiente texto: “Viernes 8 de febrero. Te espero en la esquina donde me miras”. Uhmmmmmm, esto se pone interesante, ¿quién supiera de cables?, pensó mientras bajaba las escaleras del rellano. Era temprano, día libre y ganas de hacer algo de deporte. Corrió durante un buen rato, más de 45 minutos, con un generoso ritmo de piernas, modulando las respiración, siendo capaz de hacer los últimos diez minutos a todo trapo y sin que de la cabeza se le quitara la canción esa que no dejaba de poner a todas horas Gloria en el trabajo. Son Wampire Weekend y la canción se llama Walcott. Y no, no voy a dejar de ponerla en todo el día. Necesito estar alegre. ¿Te vale? , le dijo ella en con su habitual hablar cariñoso. Curiosa tipa esta Gloria y empezó a reírse como un loco, solo de pensar que Gloria podía ser algo curioso. Nadie en su sano juicio calificaría así a una mujer y menos a ésta, que es la perfecta conjunción de maldad y deseo. Lo mío no tiene remedio, voceó entre carcajadas. Mientras en cuclillas buscaba un poco más de aire para sus asfixiados pulmones, se fijó en la gente que paseaba por la playa. Ancianos en pareja; hombres de mediana edad, que quieren plantar cara a los sustos pasados con el corazón a paso ligero y cabeza gacha; jóvenes parejas, molestas porque la salida del sol les ha estropeado su rato de disfrute carnal; parsimoniosos basureros en la tarea imposible de quedar limpio aquello que no se deja jamás de ensuciar y algún que otro despistado, que todavía se atreve a comprar el periódico temprano por temor a que se agote. Como otras tantas veces a lo largo del día, se palpó instintivamente la enorme herida cicatrizada del costado. Todavía algunas noches le dolía mucho. Un dolor interno, seco, percutor e insaciable en su afán de provocar una molestia infinita que le impedía ser capaz de olvidar el día del accidente. Se puso en pie, no le apetecía llorar y si había venido hasta aquí era porque por fin se había sentido con fuerzas de dar carpetazo a todo y volver a intentar vivir. Suspiró con fuerzas: vivir, hace meses ni tan siquiera se sentía capaz de emplear tal palabra, porque todo le recordaba a ella y a su pérdida, pero ahora poco a poco empezaba a agarrar con fuerzas la soga que le tendían para salir del pozo. Antes de volver a casa para ducharse y ponerse a revisar los textos pendientes, vio a lo lejos como un pequeño barco pesquero surcaba el mar. Pequeño, algo desvecijado, valiente en su tarea y con el reto de salir todos los días airoso de los peligrosos requiebros del mar. ¡A por ellos, que son pocos y cobardes!, gritó para susto de una joven que desde hacía tiempo no dejaba de mirarle. Pegó un respingo y ella empezó a reírse. No sabía que hacer y como un niño tímido metió las manos en los bolsillos del pantalón corto, sin tener por lo menos alguna mísera palabra que balbucear. Allí encontró la tarjeta del electricista y recordó el texto escrito a mano. Tal vez este sea mi propio Viernes 8 de Febrero. 

Ta luego. A2.  

Risas en la cama

Febrero 3, 2008 por Alberto M²

¡Vale! Leéme con atención, que ya es hora. Quítate esa carita de muermazo y tristón con la que me andas. Cuento con que es domingo y que todos andamos melancólicos, perretes, cansados y algo resacosos por las juergas carnavaleras (por favor, aviso: reserven fuerzas, porque todavía queda el lunes y este año sí que entierro la sardina como es debido). Sé que intentas entretenerte con algo: un libro, música, apuntes de un mal profesor, la peli chorra de la tele, la tentación de un menta poleo callejero, la llamada telefónica que jamás llegará… pero al final, no tienes las suficientes energías y fuerzas para nada. Estás ido, intentando pasar el domingo, cumplir el expediente y que la noche te ayude a reponerte de todos los estragos del fin de semana, sin que la conciencia venga a recordarte tus malas jugadas. Pero resulta que desde hace años hay un domingo del año que especialmente tengo ganas de que llegue: la noche de la Super Bowl. En realidad, no tengo ni idea de fútbol americano, apenas habré visto algo de un partido que no sea en las típicas pelis americanas. Pero esta noche, la gente de Carrusel Deportivo de la SER como años anteriores, retransmite (si así puede decirse) este evento deportivo. Lo de menos es el partido, en realidad es una noche de bromas, risas, puyitas, chascarrillos, anécdotas que te hacen no dormir, para que tus ojeras lleguen a límites alarmantes, mandar a tomar por saco al plasta del Íker Jiménez y no dejar de lanzar carcajadas a granel por la noche. Así que, si queréis ser felices un domingo por la noche y ahuyentar los demonios que os agobian, haceros un favor, escuchad la Super Bowl por la SER. Vuestro buen humor, carácter, karma o como narices prefiráis, lo agradecerá.

Ta luego. A2.

PD: Esto no es publicidad. El menda no trabaja en la SER.

PD1: Escuchen a un grupito llamado Marah. Muy güenos los jodíos.

PD2: Y a los que les guste la música electrónica o como se llame, el disco “Untrue” de Burial es una barbaridad. Me tiene  enganchado y eso que no controlo nada, de nada.

Te voy a contar un secreto

Enero 23, 2008 por Alberto M²

El otro día me dieron a elegir entre pertenecer al grupo de los que leen el periódico por el principio o ser de aquellos otros que empiezan por el final. No me pude decantar por ninguno de los dos bandos, porque soy tan torpe que siempre se me acaban cayendo las hojas al suelo y leo las páginas desordenadas: hoy por ejemplo, de Internacional paso a Sociedad y de ésta me meto en las columnas de opinión, acudo a los pasatiempos, leo algo de Nacional y he acabado en los Deportes. Un auténtico desastre. Lo bueno es que cada día es diferente, no hay pautas orquestadas y predefinidas. Es una lectura sin premeditar, de la página 37 a la 3, del chiste ingenioso y editorialista a la última desgracia mundial, de maldecir la derrota de tu equipo a que te recorra un escalofrío al pensar que tu vida no vale nada y mañana por cualquier azar miserable estarás criando malvas. No se puede pasar de unos extremos tan viscerales en tan poco tiempo, no me ayuda a valorar la importancia de lo que sucede y observarlo con la óptica adecuada. Tampoco ayuda mucho el tremendismo informativo actual de los medios, todo es hipérbole, navajazos, untamientos de lomo… Aunque tal vez, visto lo visto estos últimos días, hasta parece que se quedan cortos. ¡Diantres! ¿Qué nos queda? Tal vez, reconfortarnos con la lectura diaria de los artículos de Manuel Alcántara o disfrutar de las genialidades de ese genio indolente llamado Dimitar Berbatov. ¡Qué bueno es! Parece un mafioso del este de medio pelo, aires hoscos y de mirada que aglutina un odio insano hacia cualquier cosa que no sea su ego. Pero verle coger la pelota, desmarcarse, tocar el balón a la primera como sólo lo hacen los artistas privilegiados es fascinante. Un futbolista a seguir este Berbatov. ¡Ah, por cierto! Este texto tenía como título “Te voy a contar un secreto”. Vaya, ya me he dispersado y al final no he escrito nada sobre ello. Me pongo a hablar de un tipo que lee el periódico a salto de mata, que ni tan siquiera soy yo. ¡Maldita mente bipolar! A ver si aprendo a separar la realidad, la ficción, lo escrito, lo vívido y hasta lo soñado. No podemos seguir así, porque nadie sabe al final que Alberto está presente. “Es fácil”, espeta uno de los Albertos más contestatarios y rebeldes (uhmmmmm, ¿cuál será?). “Siempre son todos o ninguno”. Ajjjjjj, mejor me despido, no tengo ganas de chorradas filosóficas. Soy demasiado simple.

Ta luego. A2.

8 frases

Enero 21, 2008 por Alberto M²

  • Ahora, los lunes me niego a escribir.

  • ¿Has conocido alguna persona impaciente que sea feliz?

  • No es que las llaves se te caigan al suelo, es que tú las tiras a lo loco.

  • Quítate esa idea de la cabeza, porque al final todo saldrá como ella quiera.

  • Mírate al espejo, cuenta hasta diez, y por favor, después échate a llorar.

  • Lo malo de mis vicios es que los disfruto en solitario.

  • Jamás vuelvas a poner esa canción. Es demasiado buena para que tú sepas apreciarla.

  • No me pidas que hable en serio. No lo soportarías.  

Ta luego. A2.

En la esquina

Enero 16, 2008 por Alberto M²

En la esquina de aquella calle donde el viento en invierno no te cortaba los labios, en la que según me contaron de chico, un famoso cantante al salir del concierto de la plaza de toros cercana, mientras compartía una litrona con unos jóvenes desencantados, apoyó su pierna izquierda en su pared interna en ademán chulesco, dejando imborrable la huella de su desgastada bota Martin, pero que no ofrecía refugio alguno en los airados y revueltos días de otoño, donde los papeles del MARCA y el AS se quedaban arremolinados en candorosa compañía de un batiburrillo de colillas, hojas y panfletos de supermercados y en su parte inferior desconchada por el paso inclemente del tiempo, orines de perro, la maldita bombona de butano del 97 que saltó del camión de reparto sin provocar desgracia alguna y las marcas de balón de interminables partidos de fútbol callejeros, disputados años a, por niños que ahora adultos, apenas se saludan cuando se ven por el barrio, porque no saben cuando se murió la amistad y tristemente, ya no tienen nada de que hablar. Es allí donde me miraste por primera vez y ahora todo vuelve a cambiar.  

Ta luego. A2.

“Muchachada” en el corazón

Enero 14, 2008 por Alberto M²

Hace unos años intenté seguir los mandamientos de todo buen charalostra, pero tuve que desistir porque era incapaz de entender lo que decían Diego Luna y Gael García Bernal al principio de “Y tú mamá también”. Por mucho que intentara ver los primeros minutos de la conversación de los dos cuates en el coche, mis oídos no estaban hechos para entender los vericuetos y variantes del español hablado. Apenas pillaba sus mandamientos y como que tampoco yo soy de normas impuestas, pues la cosa duró ná de ná. Poco después quise convertirme en un gafapasta de primera, cosa que abandoné al poco de conocer algún que otro gafapasta enemigo de la higiene, buenas palabras y un poquito de educación. Para lerdos maleducados ya llevo bastantes (y los que me quedaan… ¡Ajjj!), como para torturarme yo mismo con semejante pandilla. Y ahora, que acaba de terminar la primera temporada en La 2 de “Muchachada Nuí” ya más o menos me siento correspondido, integrado o realizado (o como narices quieran llamaron los seguidores pelmas de Paulo Coelho y Jorge Bucay). Y no es sólo que uno a cada poco se le escapen los “viejunos” “culo torcío” “a cascoporro” y otras expresiones terruño cuenquiles, porque esto es algo más intenso. Es ver a cada poco un sketch de esta temporada que te ha dejado más pillado que el guiño que creíste que te lanzaba esa chica este fin de semana, reírte sólo bobamente en el trabajo al recordar las gilipolleces del joven Rappel o pensar con algo de trascendencia a que coño está esperando la NASA para enviar esa nave a Marte sin retorno con Carlinhos Brown y Bono. Pueden ser en ocasiones irregulares, cutres y facilones. Pero son grandes, muy grandes esta gente. Tanto es así, que creo que Michael Gondry fijo que vio algún capítulo suelto de la difunta “La hora chanante” antes de hacer su fallida “La ciencia del sueño” y que su presencia es más que palpable en otros programas, incluso hasta en la publicidad televisiva. Sirva de ejemplo la última campaña de Renault de coches ecológicos (esa que habla de que los playmobil no se ríen… ¡Malvados! Con los mitos de la infancia no se juega) y de Vision Lab. 100 x 100 espíritu chanante muchachero. Y que no falte en nuestras vidas.

Ta luego. A2.

Vaguedades

Enero 9, 2008 por Alberto M²

1º. Atónito me quedo ante la reciente rueda de prensa de Nicolas Sarkozy. Más de 500 periodistas durante dos horas y media preguntando sin ton ni son a un jefe de estado. Uno puede ser de izquierdas o derechas, pero en la democracia de este país tenemos un problema cuando las declaraciones de los políticos cada vez más tienen la dinámica de intervenciones en las que no se permite ningún tipo de pregunta a los periodistas o no son más que burdos simulacros de ruedas de prensa pactadas con los periodistas y medios afines. España es un país con una democracia muy joven, tibia y de políticos mediocres. Tal vez, mientras en otros países de mayor recorrido democrático, lo que importan son las instituciones, que están por encima de personalidades o partidos políticos. Aquí, por desgracia, quienes cortan el bacalao son los partidos políticos y los petimetres de turno.  

2º. Propósitos del año: “Yo quiero saber aprovechar mejor mi tiempo libre”. “Yo quiero ser más  constante en mi trabajo”. “Yo quiero ponerme a estudiar inglés en serio de una vez por todas”.  El Spiderman malo (Nota del Autor: Primer mensaje oculto del día cumpliendo lo prometido) que ahí en mi se revuelve y añade: “Yo quiere salir más, beber más e irme con más mujeres”. Atónitos, el personal me mira indignado. Sonrío y les digo: “Falsos, más que falsos, ninguno de vosotros cumplirá con ninguno de sus propósitos. Y lo peor, es que lo sabéis. Yo, en cambio, si no los cumplo no me daré golpes en el pecho metiéndome caña. Ya veis, uno que es así”.  

3º. Cuando conduzco, recelo y temo de todos aquellos tipejos que van en un SEAT León, con letras chinas en la parte posterior de su coche o recostados en el asiento como si estuvieran pilotando el Halcón Milenario. No quiero ni verlos cerca de mí. Se creen que están en un océano y tienen toda la calzada para ellos. Lejos, muy lejos… en silencio (Nota del Autor: Segundo mensaje oculto del día) es donde los quiero. 

4º. Sueño el otro día con unos zapatos de charol de un color imposible de recordar. Tranquilos, en el sueño no iba vestido cuán Dorothy del Mago de Oz. Así que, nadie del Estado de Arkansas pueda poner una orden de busca y captura por haber quebrantado alguna estúpida ley. Intento averiguar que significa soñar con eso, pero desisto. No quiero saberlo. En ocasiones, es mejor vivir en la ignorancia. 

5º. Absorto por el libro y el relato en los que ando trasteando en estos días, voy en mi mundo de letras, personajes, música y películas. Sin apenas darme cuenta, dos canciones consiguen sacarme del marasmo. Cuando tomo conciencia de ello, ando batiendo palmas y cantando como un rockero con pedigrí metido a poppy trasnochado “Hold on” de Razorligth y “Welcome Home, Luc Robitaille” de Mando Diao.