Hace unos años intenté seguir los mandamientos de todo buen charalostra, pero tuve que desistir porque era incapaz de entender lo que decían Diego Luna y Gael García Bernal al principio de “Y tú mamá también”. Por mucho que intentara ver los primeros minutos de la conversación de los dos cuates en el coche, mis oídos no estaban hechos para entender los vericuetos y variantes del español hablado. Apenas pillaba sus mandamientos y como que tampoco yo soy de normas impuestas, pues la cosa duró ná de ná. Poco después quise convertirme en un gafapasta de primera, cosa que abandoné al poco de conocer algún que otro gafapasta enemigo de la higiene, buenas palabras y un poquito de educación. Para lerdos maleducados ya llevo bastantes (y los que me quedaan… ¡Ajjj!), como para torturarme yo mismo con semejante pandilla. Y ahora, que acaba de terminar la primera temporada en La 2 de “Muchachada Nuí” ya más o menos me siento correspondido, integrado o realizado (o como narices quieran llamaron los seguidores pelmas de Paulo Coelho y Jorge Bucay). Y no es sólo que uno a cada poco se le escapen los “viejunos” “culo torcío” “a cascoporro” y otras expresiones terruño cuenquiles, porque esto es algo más intenso. Es ver a cada poco un sketch de esta temporada que te ha dejado más pillado que el guiño que creíste que te lanzaba esa chica este fin de semana, reírte sólo bobamente en el trabajo al recordar las gilipolleces del joven Rappel o pensar con algo de trascendencia a que coño está esperando la NASA para enviar esa nave a Marte sin retorno con Carlinhos Brown y Bono. Pueden ser en ocasiones irregulares, cutres y facilones. Pero son grandes, muy grandes esta gente. Tanto es así, que creo que Michael Gondry fijo que vio algún capítulo suelto de la difunta “La hora chanante” antes de hacer su fallida “La ciencia del sueño” y que su presencia es más que palpable en otros programas, incluso hasta en la publicidad televisiva. Sirva de ejemplo la última campaña de Renault de coches ecológicos (esa que habla de que los playmobil no se ríen… ¡Malvados! Con los mitos de la infancia no se juega) y de Vision Lab. 100 x 100 espíritu chanante muchachero. Y que no falte en nuestras vidas.
Ta luego. A2.
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