Te voy a contar un secreto

By Alberto M²

El otro día me dieron a elegir entre pertenecer al grupo de los que leen el periódico por el principio o ser de aquellos otros que empiezan por el final. No me pude decantar por ninguno de los dos bandos, porque soy tan torpe que siempre se me acaban cayendo las hojas al suelo y leo las páginas desordenadas: hoy por ejemplo, de Internacional paso a Sociedad y de ésta me meto en las columnas de opinión, acudo a los pasatiempos, leo algo de Nacional y he acabado en los Deportes. Un auténtico desastre. Lo bueno es que cada día es diferente, no hay pautas orquestadas y predefinidas. Es una lectura sin premeditar, de la página 37 a la 3, del chiste ingenioso y editorialista a la última desgracia mundial, de maldecir la derrota de tu equipo a que te recorra un escalofrío al pensar que tu vida no vale nada y mañana por cualquier azar miserable estarás criando malvas. No se puede pasar de unos extremos tan viscerales en tan poco tiempo, no me ayuda a valorar la importancia de lo que sucede y observarlo con la óptica adecuada. Tampoco ayuda mucho el tremendismo informativo actual de los medios, todo es hipérbole, navajazos, untamientos de lomo… Aunque tal vez, visto lo visto estos últimos días, hasta parece que se quedan cortos. ¡Diantres! ¿Qué nos queda? Tal vez, reconfortarnos con la lectura diaria de los artículos de Manuel Alcántara o disfrutar de las genialidades de ese genio indolente llamado Dimitar Berbatov. ¡Qué bueno es! Parece un mafioso del este de medio pelo, aires hoscos y de mirada que aglutina un odio insano hacia cualquier cosa que no sea su ego. Pero verle coger la pelota, desmarcarse, tocar el balón a la primera como sólo lo hacen los artistas privilegiados es fascinante. Un futbolista a seguir este Berbatov. ¡Ah, por cierto! Este texto tenía como título “Te voy a contar un secreto”. Vaya, ya me he dispersado y al final no he escrito nada sobre ello. Me pongo a hablar de un tipo que lee el periódico a salto de mata, que ni tan siquiera soy yo. ¡Maldita mente bipolar! A ver si aprendo a separar la realidad, la ficción, lo escrito, lo vívido y hasta lo soñado. No podemos seguir así, porque nadie sabe al final que Alberto está presente. “Es fácil”, espeta uno de los Albertos más contestatarios y rebeldes (uhmmmmm, ¿cuál será?). “Siempre son todos o ninguno”. Ajjjjjj, mejor me despido, no tengo ganas de chorradas filosóficas. Soy demasiado simple.

Ta luego. A2.

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