Empecemos. Las casas colgantes de Cuenca me tienen más que hastiado; el perro verde que se sienta a mi vera mientras veo pelis por las noches últimamente le ha dado por citar a Betrand Russell; las canciones que grabé ayer con la banda se han ido al carajo por culpa de las espinacas del mediodía que nos han hecho desafinar más que de costumbre; las ruedas de la maleta son tan lisas, que no sirven para coger la velocidad adecuada para despegar hasta el infinito y más allá en los días de lluvia; si siento que desaparezco y me vuelvo más grisáceo, pego un salbido, masco un chicle kilométrico Boomer, doy una palmada y guiño un ojo de mala manera a no sé quién; “es mentira fijo”, “tienes que echar gasolina”, “bebe leche a morro”… son los sabios consejos que me da un jugador de golf en un apasionante torneo de una recóndita isla de la Polinesia; ¿tienes algo más que decir? uffffffff, va a ser que si lo hago me canso; la calima es tan intensa y la humedad que despriende el aire me quema tanto, que apenas puedo respirar y mis ojos son un torrente de lágrimas que brotan sin resortes de ningún tipo. Creo que toca acabar. Porque si no lo dejo claro va a parecer que soy un guiñapo de tío. Eso nunca. Si acaso lo que soy es un…
Ta luego. A2.
Etiquetas: Bertrand Russell, Boomer, casas colgantes, Polinesia
Diciembre 13, 2008 a las 11:48 pm |
Para tu información: las casas colgantes de Cuenca no existen!!!En Cuenca lo que puedes encontrar son LAS CASAS COLGADAS