En el día que no tengo historias que contar, encontré un pequeño texto tuyo que me dejó perplejo. Lo he leído una docena de veces y sigo sin saber porque me gusta tanto, y la razón no es porque sea tuyo, que también, pero esta vez es algo más lo que cautiva y embelesa. Es lo que tienen los textos denudos, sin artificios, donde no hay palabras huecas y sentimientos ampulosos. Es la sencillez de una cercanía que surge entre dos y no sabes bien porque todo lo cambia. Bien me dijeron que esto va por épocas, unas veces más cínico, otras más descarnado y al final vuelves al mismo estado insulso de siempre, pero que te permite ver la situación de forma más nítida y relajada. ¿Sabes? Apenas sé que decirte, sólo que estoy cansado de que me duela la espalda y que necesito que al respirar no se me escapen suspiros traicioneros. Cuando camino tengo la obsesión de mirar los anuncios de las farolas, es una buena manera de saber por donde discurre la vida. Tipos que te quitan cualquier dolor con apenas mirarte, chicas que exclusivamente quieren compartir piso con otras chicas por culpa de novios celosos y padres pazguatos, revistas de partidos humanistas que necesitan un equipo entero de redacción, calendario de reuniones de iglesias evangélicas por si quieres estar un domingo entero en comunidad amorosa, mudanzas express o empresas reunificadoras de deudas para aquellos que jamás las pagarán… Sé lo que pasa, porque asumo que me revisto de dos capas de indiferencia. Una, que conozco y domino y otra, que me da miedo atravesar porque me siento indefenso si lo hago. Porque al final resulta que no me conozco. Hoy andando he visto la zanja de una alcantarilla abierta de forma peligrosa al paso de los peatones y me acuerdo como hace años un hombre se trastabilló y casi cae en una de ellas. Asustado fui rápido a socorrerle, aunque no sirvió para nada. El hombre se valió por si mismo y no dejaba de decirme varias veces “no se preocupe joven, en mis caídas me levanto yo”. Ufff, me impone demasiado respeto y lejanía ese hombre. En mis caídas necesito manos donde agarrarme para volver a ponerme en pie. Me voy y no sé lo que me espera.
Ta luego. A2.
PD: Perdón por utilizar de forma excesiva varios adverbios de modo acabados en -mente y algún que otro gerundio. Por una vez, no se me ha pasado. Está hecho a propósito.