La jugada de la cabra

By Alberto M²

 

Ayer el portátil de mi hermana me hizo la auténtica, dolorosa y famosa jugada de la cabra que de cuando en cuando hace su maldita aparición en mi vida. Tenía casi afinado y pulido un relato donde una que pareja cenaba, charlaba y filosofaba sobre vaguedades mundanas, con el fin oculto de que la tensión y pasión del momento no les pudiera, y que allí mismo, se dejaran de zarandajas para ser presas ansiosas de gozar del arrebato carnal. Un relato que pretendía ser una fina y sutil ironía (sic) sobre las artes de la seducción, lleno de generalidades y trivialidades en las que casi todos nos veríamos reflejados. Pero, incauto de mí, el cacharro entró en ebullición, caliente como una tostadora marca AIRIS, se apagó de improviso, sin que yo hubiera salvado el texto. Cabreado, me fui a la cama a escuchar música, buscando rehacer en mi mente el texto perdido, pero mi memoria no es la de un opositor a fiscal, así que maldije mi mala suerte y a leer a Philip Roth, a ver si se me pega algo. Un día después, pienso ahora en una de las supuestas perlas del texto, el por qué una de las generalidades puesta en boca de él, en realidad es una generalidad mía (Alberto), en contra de las generalidades de ella, que no tengo una figura definida en la cuál reposar la autoría. La generalidad en cuestión es que la vida para mí se divide entre aquellos peatones que agradecen con un leve gesto al conductor que les ha cedido el camino en un paso de cebra y los peatones que prosiguen su camino como si nada. Sé de sobra que no es más que un asunto baladí, pero creo que en el hecho de agradecer hay algo más. Nadie te obliga a dar las gracias. Es obligación del conductor parar. Pero en el agradecimiento hay implícito algo más: respeto ante quién se fija con atención en su camino, educación como gesto automático de cortesía o una mera señal de aquiescencia ante un comportamiento; es decir, tú te paras y yo te lo agradezco. Amigo, estamos en el mismo barco. La verdad, es que antaño me decían con sorna que por qué saludaba al conductor que me cedía el paso, y no sabía qué responder. Ahora ya sí lo sé. Esto es muy jodido, duro y complicado. Vivir no se hace fácil, así que un pequeño gesto de cortesía es algo más que educación. Es saber que hay otros que están también en tu mismo barco y que la vida se hace soportable gracias a los pequeños detalles.

 

Ta luego. A2.

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Una respuesta para “La jugada de la cabra”

  1. Manuel77 Dice:

    Respeto. Y muerte al portatil.

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