Se trata de aprovechar las horas para que desaparezca la maldita marca blancuzca del reloj de urbanita asfixiado; dilatarse en el tiempo saboreando los detalles más surrealistas, sabrosos y carnosos; decir adiós a las cuatro dosis diarias de cafeína; dar rienda suelta al risorio y doblarse el espinazo sin fatiga en mil y un chacarrillos, anécdotas y puyitas ajenas o propias; en conseguir que las ahogadillas no superen jamás la peligrosa barrera de 30 segundos bajo el agua; calzarse el disfraz de hombre intenso y melancólico al atardecer y canalla en las horas turbias de la noche; que Nick Hornby me siga pareciendo uno de los pocos hijos de la Gran Bretaña que merece la pena de ese país y que Ford y Wilder me arroben sin manipular. Son 23 días de vacaciones y los pienso aprovechar a destajo. El mal espera. ¿Las reflexiones? Ya veremos.
Ta luego. A2.
Etiquetas: Ford, Nick Hornby, Wilder
Agosto 4, 2008 a las 10:35 am |
Pásalo bien. No lleves reloj.