Empiezas fuerte. Dominas la situación. No te muestras vacilante. Tu habitual media sonrisa cínica y la sensación de que los dedos van a buen ritmo. Pero… Resulta que en los días de lluvia y frío no me concentro. Me da por pensar en aquellas historias que jamás he sido capaz de rematar. No hablo de escritos hechos con solvencia y entrega, si no más bien de historias que rezumen algo de coherencia. Teniendo presente al exagerado Cecil B. DeMille con su afirmación de que las películas siempre tienen que empezar con un terremoto para enganchar al espectador, intento que el arranque sea poderoso. Por ejemplo, el tipo ánónimo (qué raro, casi todos lo son… no hay presente, ni pasado y del futuro mejor no hablar) que sólo es capaz de recordar a su amor perdido los días en los que se corta el pelo. Sus cabellos cortados son las lágrimas que no llora en los días de amnesia. También está la joven que cada mañana camino del trabajo se para en la esquina de Le Fleux, saca una pequeña nota y la deja en los asientos de la parada de autobus, antes de que venga el bus de la Línea 5. A veces, alguien lee una de las notas, pero pasa de largo; las muchas, acaban convertidas en una más de las suciedades que revolotean por la ciudad y, sólo una vez, un hombre lee la nota, entiende su significado y actúa. ¡Diantres! Desvarío. Tal vez sea la gripe, tal vez porque ha muerto Harold Bloom y no he visto, ni leído ninguna de sus obras teatrales, pero extrañamente siento que debo admirar y respetar a un hombre del que desconozco todo, tal vez porque hoy estoy cabreadísimo por lo horroroso que fue ver ayer “The Spirit” en el cine (definitivamente, Frank Miller dedícate a hacer lo que sabes muy bien: cómics. El cine, déjaselo a los profesionales) o tal vez, porque el libro de Philip Roth se me está atragantando demasiado. Mentira. No me pasa nada. La maldita gripe no acaba de romper en fiebre, por lo que me tiene medio-bueno y medio-malo, debilitado y no me deja disfrutar de los días de vacaciones. Lo haremos más fácil, por primera vez haré una lista de cosas qué hacer para disfrutar de las vacaciones. Empecemos: 1. Ver y llorar con “El Cazador”. 2. Bailar por la calle y cantar “She will have her way” de Neil Finn sin importarme que me vean. 3. Leer algún libro de templarios. 4. Bajarme el gran último disco de la Historia del Rock. 5. ¿Dónde dejo a las personas? 6. ¿Y los regalos? 7. Ir a correr en un día de lluvia. 8, 9 y 10: improvisaremos. Planificar mi vida me da mucha pereza y no sé hacerlo.
Ta luego. A2.
PD: Como es hora de dar continuidad a la sección de recomendaciones inconexas by Alberto M², recomiendo fervientemente el libro de relatos “Pura Anarquía” de Woody Allen. Reírse leyendo es uno de los mejores ratos que se puede pasar en los tiempos que corren.
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