Cuando hay ganas, las excusas no asoman por ninguna boca, los miedos se van de paseo con el coco, la pereza ya no es sinónimo de buena vida y saltar al vacío sin red es la única opción que se permite. Toca mover ficha, no dudar, ir a por todas y jugársela sin pesar en la derrota. Todo corazón, porque en esta partida la materia gris no está invitada. Coraje, valentía, pasión, sentimiento… Hoy es el día de volar. Vale. Es lo que llevo pensando todo el día. Pero hace un rato me he fijado en la mesa de mi cuarto. Como cada tantos meses vuelve a estar llena de cosas que no recuerdo de dónde las he sacado, libros míos, prestados y semi-robados, películas, periódicos de fin de semana con sus respectivos semanales, con artículos que pensé en recortar por ser interesantes, que aún todavía quiero recortar, pero quesé que al final no lo haré, porque cada tantos meses me dará el arrebato organizador y las cosas ocuparán cajones que parece que guardaran el infinito, las películas acabarán en la caja de las pelis, los libros encontrarán acomodo escalando los libros ya bien colocados en las estanterías de mi cuarto y los periódicos y semanales acabarán en el contenedor de papeles. Es la fábula de la hormiga y la cigarra al revés. El desastre día a día ataca las defensas de mi cuarto con paciencia ermitaña, sin que las bajas que se producen cada cierto tiempo afecten a su constante ataque. Soy la cigarra que en un día quiere que todo esté perfecto y fácil de tener a mano. Sigo teniendo ganas, pero cada vez que miro mi mesa, lo mejor es echarse a reír.
Ta luego. A2.