La ruta es la siguiente: Escritorio, en la carpeta de Música y un Word que abro, pero resulta que no es un Word, es una mierda de aplicación de Microsoft que pretende ser un híbrido entre un Power Point y un Word, así que nada, vuelta a empezar. ¿Eh? ¿Se nota que parezco jodido y que me enfado por cualquier cosa? Jajajaja, no es así. Simplemente que no dejo de pensar en la araña recolgante del espejo retrovisor derecho de mi coche, que se resistía a caer a pesar de que el rayo rojo fuera a 80 km. por hora camino de la Granadilla; tampoco se me escapa el intenso sueño, sin llegar a ser un pesadilla malsana de zombies, que tuve el pasado miércoles por la noche sobre una peli parecida a las sagas de Harry Potter, pero protagonizada por un Tom Cruise comedido y sin mohínes. ¿Terrible? No creáis, sois de los que creo que el pequeño mini-yo de la Cienciología es un buen actor. Prosigo. Releo por segunda vez en ¿10 años? (ajjjj, maldito paso del tiempo) Alta fidelidad. Con 18 más o menos te ríes o dices qué guay, por quedar bien, cuando la mitad de lo que le sucede a Rob Fleming, ni por asomo puede ser un ejemplo de tu vida de adolescente. Lo lees y ya está. Piensas: va a ser que soy muy joven para ser moderno. Pero ay amigo, leerlo a los 28 es un puto puñal en el corazón, una sangría de cinismo y risas con las que mal que me pese, no es que me sienta identificado, ¡qué va!, más bien es darte cuenta que las comeduras de tarro son universales en los capullos, y eso que yo ni tan siquiera soy un capullo y que tampoco me como mucho el tarro, o tal vez, es que sea un capullo precisamente por eso, porque conjugo mi vida en sujeto, verbo y predicado, sin subordinadas que enmarañen el relato. Cuarto round: pereza tremenda por tener que arreglar mi mesa: calculo que hay cerca de 50 libros desperdigados, las pelis en DVD que ya he visto pero que siempre guardo en su sitio meses más tarde, la carpeta de las cosas importantes con las cosas importantes dejadas de aquí para allá en todos los rincones de la casa, los últimos miembros de mi Batallón de Separadores de Libros que caen derrotados por el viento sin un Custer que los guíe con dignidad cada vez que abro la ventana, una radio que ya no suena muy bien porque ha caído demasiadas veces con estrépito al suelo y un despertador que no sé cómo rayos todavía funciona porque: 1, hace muchos años que no le cambio las pilas. 2, caer desparramado en el suelo es su estado natural y 3, es poco manejable y las cosas pocos manejables deberían estar prohibidas que funcionaran mucho. Me encanta esto. Sentirme libre y escribir sin corsés. Ya sé, ya sé, ya sé. Está genial lo de tener un principio y un final, una ruta marcada, puntos que tocar y un discurso con una ilación coherente e interesente. Siento que eso es como la madurez, cuando escribes de ese modo, recorriendo un camino bien trabajado, en cambio si lo haces a impulsos, eres un adolescente curioso por descubrir aventuras. Y eso me gusta. No dejar de mirar, observar y, sobre todo, escuchar. Ser capaz de vencer al cinismo. Me dejo de filosofías baratas. Toca pensar en la siguiente aventura de esta mañana: una peli en DVD reservada para una ocasión especial, la novela de James Ellroy que ansío devorar o un buen rato de deporte para que me de el sol y elimine mi muermo dominguero y algo resacoso. Retos, ilusiones, ganas de vivir. Necesito eso para sentir que la vida no es una rutina. Porque sueño, no estoy loco.
Ta luego. A2.
Etiquetas: James ellroy, Rob Fleming, Alta fidelidad, Tom Cruise, Custer
Abril 13, 2009 a las 12:08 pm |
Voy a tener que leer Alta Fidelidad…