Justo en el instante después de levantarse a recoger las llaves, que como siempre se le habían caído al suelo antes de salir de casa, y varios segundos antes de marearse por tan brusco movimiento, Julia tuvo dos ideas que consideró imprescindibles llevar a cabo para cambiar el sentido de su vida. Tan simples como llegar a la conclusión de que si quería ser por fin escritora tenía que escribir desde ya su primer libro sobre el tema que fuera y que tenía que olvidar a posta las entradas del cine, aunque ello significara el enfado de Juan. Mientras se repone unos minutos en el hortera sillón amarillo post-it, espera que el sofoco no la impida llegar minutos más tarde de lo que en ella ya es habitual. No deja de pensar en la cara que pondrá Juan cuando le diga que se le han olvidados las entradas. No sabe si enfadará, se pondrá a bufar como un potro salvaje, será de los que se toman los contratiempos con filosofía o le ocultará su enfado para seguir pareciendo esa chico tan bueno que seguramente no sea y que a Julia tanto pone de los nervios, y no porque le gusten los tipos duros y malos, sino porque las poses impostadas la aburren muchísimo. Jajajajaja, se ríe con ganas, mientras se da aire con el suplemento del periódico del fin de semana. Uhmmmmmmm, de su actitud depende ganarse la siguiente cita. No piensa que sea una chantajista o que esté jugando con Juan, si no que le apetece saltarse el guión preestablecido. Es más, quisiera preguntarle si es un melónamo o un megalómano a la vez que le mira con picardía. Esto no puede ser Julia, se te está yendo la cabeza. Si Juan la mira y sonríe, ya sabe cómo actuar. Simplemente, se lo comerá a besos.
Ta luego. A2.