Es tarde, muy tarde. La ruidos de la noche han dejado paso a los sonidos del motor en tercera, el chirriar de las gastadas zapatas de los frenos y el contacto de la ruedas con el asfalto de los coches solitarios. Atraviesan la ciudad en busca de los más variados destinos, seguramente algunos ansían llegar al mismo, pero otros, todavía andan con las legañas a cuestas y el malestar por ver truncado su descanso para ir a trabajar. Cristóbal piensa en ello, porque son las 4 y todavía él no ha sido capaz de conciliar el sueño. Para pasar el rato y que la cama no se le haga una mazmorra de sábanas y sentirse como un Edmundo Dantés encarcelado injustamente, busca fórmulas que le permitan dormir por lo menos un par de horas. La opción de darle vueltas a los asuntos del trabajo no se admite como válida. Eso en vez de relajarle, le estresaría. Pensativo, cabila otras opciones: cantar canciones que le gustan mentalmente, recordar escenas de película que le han marcado, planificar las rutas de las vacaciones de verano o recetas de platos que le apetecerá cocinar para deleite de su particular camada de fieles comensales. Ninguna de ellas funciona. El tiempo sigue pasando. Se levanta, intenta entretenerse con los anuncios de televenta de la tele, pero más que un rato de asueto, lo que le provocan es hartazgo por tanta chorrada inútil. Vuelve a la cama y allí por enésima vez prueba a cerrar los ojos para dormir y justo en ese instante, recuerda lo leído en el suplemento femenino del periódico del fin de semana: si tienes problemas de sueño, lo mejor es estirar los músculos o cambiar de posición en la cama para favorecer la relajación. Como la cama está pegada a la pared, levanta las piernas para apoyarlas y hacer estiramientos de atleta, pero como no lo es, un fatal tirón en el glúteo izquierdo reprimido para no causar un estruendo innecesario en la noche, impiden que pueda ejecutar la acción de relajación. Airado y dolorido, decide cambiar la postura de su cuerpo y poner su cabeza en los pies de la cama. Su maniobra de relajación provoca el susto de Mónica por no encontrar el cuerpo tranquilizador de su novio como es habitual en sus sueños todas las noches y encontrar como mal cambio unas piernas no muy peludas y unos pies del 44. Producto de ello, Cristóbal se lleva una tremenda patada nocturna en la cara por la violenta reacción de miedo de Mónica. Creerse todo lo que uno lee realmente es algo bastante peligroso. De ésta, Cristóbal ya ha aprendido que los juegos en la cama mejor dejarlos para lo que realmente son.
Ta luego. A2.