Por los pasos de baile con vuelta y tirabuzón incluidos que merecen un aplauso del público de la Plaza Alta, por el “me voy a fumar un cigarrito”, por ese hablar tan raro que nos posee por las noches, por el luchador de botellas Heineken que se raja en cuanto aparece un armario inglés como rival, por aquel que empujan en las escaleras de la discoteca y nadie le ayuda, por la cerveza Super Bock, por Lisboa, The Walkmen, The Killers y Mando Diao, por el pajareo gijonés, por Rubén, por mis ampollas y heridas en los pies, por la buena gente conocida en el Camino, por la plaza donde siempre nos perdíamos, por los 100 € diarios, por las dificultades sufridas, por el pulpo de Melide, por Jacinto Antón, por el que siempre se queda currando cada vez que hemos hecho planes, por conseguir cambiar el “cuando puedas” por un “disculpa”, por la que comienza peleas de agua y al final salen trasquilada, por las siestas infinitas y el desorden que ya no me agobia tanto, por saber ya lo que quiero, por cómo se puede estar una hora en la ducha y aún así, no terminar, por “I’got a feeling”, por los rondadores nocturnos de Matalascañas, por la puta manía de bañarse en la playa siempre que son las 7 de la mañana, por las resacas con sonrisa, por los socorristas pega broncas, por los homenajes gastronómicos, por lo que todavía queda por disfrutar en este verano, y por supuesto, por ti, siempre por ti.
Ta luego. A2.